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La última batalla del diablo - Prefacio y Introducció

Capítulo 8

El Mensaje de Fátima contra
“La Línea del Partido”

Vladímir Lenin, el genio del Mal que está en el origen de la Revolución Comunista de Rusia en 1917; según los historiadores, sin su contribución la Revolución Rusa no habría salido victoriosa. De acuerdo con el propio Lenin, los dos principios fundamentales para establecer y difundir la Revolución Comunista son: el principio del terrorismo (usado estratégicamente) y el principio de que «la mentira es sagrada». En otras palabras, Lenin ha querido demostrar que siempre que la mentira pudiese impulsar la Revolución Comunista, cada uno de los agentes comunistas tiene el deber sagrado de mentir, en toda y cualquier circunstancia en que se encontrase — decía. Para evitar que el pueblo se diese cuenta de que le estaban mintiendo — si la primera mentira (dicha por el agente nº 1) no se articulase bien con la segunda (dicha por el agente nº 2) —, Lenin concluyó de había necesidad de una mentira común, que todos los agentes repetirían, de tal modo que el público en general la considerase consistente, bien fundamentada. Esta mentira es conocida como la “La Línea del Partido”. En el próximo capítulo se explicará esto con más detalles; también se explicará allí por qué hay, dentro de la Iglesia Católica, una “Línea del Partido”, usada con el propósito de destruir Fátima.

       ¿Cuál ha sido para la Iglesia el efecto global de las sorprendentes transformaciones, sin paralelo y extremamente dramáticas que tuvieron inicio en el siglo XX? Como lo han comprobado varios escritores católicos, aquello que los católicos presenciaron especialmente en los últimos 40 años constituye una especie de “estalinización de la Iglesia Católica Romana”, con una asustadora semejanza con aquello que en la época se conocía por “la Adaptación” de la Iglesia Ortodoxa a las exigencias del régimen estalinista.

       La subversión de la Iglesia Ortodoxa por Stalín es, indudablemente, una de las líneas de evolución de Rusia previstas por la Santísima Virgen de Fátima. Fue precisamente ése el motivo  por el cual Nuestra Señora vino a pedir la consagración de Rusia a Su Corazón Inmaculado: para que ese país abrazase la única y verdadera Religión y la única y verdadera Iglesia, y no la Iglesia Ortodoxa cismática, fundada en una rebelión humana contra Roma hace más de 500 años, cuando abandonó el Cuerpo Místico de Cristo — y fue por ello constitucionalmente incapaz de evitar su total Adaptación al Estalinismo.

       La Adaptación Ortodoxa tuvo inicio oficialmente cuando el Metropolitano Sergio, de la Iglesia Ortodoxa Rusa, publicó una “Invocación” en el Izvestía de 19 de agosto de 1927. La “Invocación de Sergio”, como pasó a ser conocida, esbozó nuevas premisas para la actividad de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El lego ruso Boris Talantov describió esto como “una Adaptación a la realidad atea de la U.R.S.S.” Dicho de otro modo, aquella Iglesia tenía que hallar, conforme se deduce de la argumentación, una forma de convivencia con la “realidad atea” de la Rusia estalinista. Y por eso Sergio propuso lo que abreviadamente se conoció por “la Adaptación”.

       Primero y ante todo, la Adaptación constituía una falsa separación entre las necesidades espirituales de los seres humanos — necesidades puramente religiosas — y sus necesidades sociopolíticas; es decir, una separación entre la Iglesia y el Estado: la Iglesia servía para satisfacer las necesidades puramente religiosas de los ciudadanos de la Unión Soviética, pero sin inmiscuirse en la estructura sociopolítica erigida por el Partido Comunista.

       La Adaptación exigió una nueva administración de la Iglesia en Rusia, en conformidad con las premisas esbozadas poco después de haber sido publicada la Invocación de Sergio. Básicamente, se limitó a un acuerdo para no criticar la ideología oficial de la Unión Soviética bajo el régimen de Stalín. Y esto se reflejaría en todas las actividades de la Iglesia: cualquier oposición de la Iglesia Ortodoxa Rusa al régimen soviético se consideraría de allí en adelante un desvío de su actividad puramente religiosa y una forma de contrarrevolución que jamás sería permitida

       En efecto, debido a su silencio, la Iglesia Ortodoxa se tornó un instrumento del Estado soviético. En realidad, Sergio continuaría defendiendo esa traición, llegando a exigir que sus propios colegas ortodoxos fuesen sentenciados y condenados a los campos de concentración, por presuntas actividades contrarrevolucionarias. Talantov, que, había condenado la Adaptación en todos sus aspectos, así la describió: «En realidad, toda la actividad religiosa se limitó a ritos externos. Los sermones de los clérigos firmemente adeptos a la Adaptación eran totalmente ajenos a la vida real, y, por consiguiente, no ejercían ninguna influencia en los oyentes. El resultado fue que la vida familiar, social e intelectual de los fieles, así como la formación de la generación más nueva, permanecieron ajenos a la influencia de la Iglesia. No se puede prestar culto a Cristo si, al mismo tiempo, en la vida social y familiar se cuentan mentiras, se practica la injusticia, se hace uso de la violencia y se sueña con un paraíso terrenal.»1

       Era, pues, éste el significado de la Adaptación: La Iglesia permanecería en silencio sobre los males del régimen estalinista, se tornaría una comunidad “espiritual”, “en sentido abstracto”, no iría a manifestar su oposición al régimen, no condenaría los errores y las mentiras del Comunismo, y por eso se convirtió en la Iglesia del Silencio, que es como se le llamaba frecuentemente a la Cristiandad detrás del Telón de Acero.

       La Invocación de Sergio provocó un cisma en la Iglesia Ortodoxa Rusa. Los verdaderos creyentes, que repudiaron la Adaptación, que denunciaron la Invocación y que permanecieron vinculados al Metropolitano Joseph — y no a Sergio — fueron presos y enviados a los campos de concentración. Boris Talantov mismo eventualmente murió en la prisión, como preso político del régimen estalinista, mientras que la Iglesia del Silencio se transformó, de hecho, en un órgano de la KGB. Stalín diezmó la Iglesia Ortodoxa Rusa; todos los verdaderos creyentes ortodoxos fueron enviados a los campos de concentración o ejecutados y sustituidos por empleados de la KGB.

       Poco antes de morir, en agosto de 1967, Talantov escribió lo siguiente acerca de la Adaptación:

       La Adaptación al ateísmo, implantada por el Metropolitano Sergio, finalizó (se completó con) la traición de la Iglesia Ortodoxa Rusa por parte del Metropolitano Nikodim y otros representantes oficiales del Patriarca de Moscú con sede en el Exterior. Dicha traición, irrefutablemente demostrada por los documentos citados, debe ser de conocimiento de todos los fieles en Rusia y en el Exterior, porque la actuación del Patriarcado, que cuenta con la colaboración de la KGB, representa un gran peligro para todos los creyentes. En realidad, los líderes ateos del pueblo ruso y los príncipes de la Iglesia se han mancomunado contra el Señor y Su Iglesia.2

       Talantov se refiere aquí a aquel Metropolitano Nikodim que indujo al Vaticano a entrar en el Acuerdo Vaticano-Moscú, mediante el cual (como hemos mostrado en el capítulo 6) la Iglesia Católica se comprometió a no hablar del Comunismo en el Concilio Vaticano II. Pues bien: El mismo prelado ortodoxo que traicionó a la Iglesia Ortodoxa Rusa, fue el intermediario de un acuerdo con que también se traicionó a la Iglesia Católica. Durante el Vaticano II varios clérigos católicos, en colaboración con Nikodim, concordaron en que la Iglesia Católica se transformaría en una Iglesia del Silencio.

       Y desde el Concilio, la Iglesia Católica se sumió indudablemente en el silencio, casi de forma absoluta, no sólo con relación a los errores del Comunismo — que la Iglesia dejó de condenar casi por completo, hasta con relación a la China Comunista que persigue a la Iglesia con toda crueldad —, sino también con relación a los errores del mundo en general. Recordamos que, en su alocución inaugural del Concilio, el Papa Juan XXIII admitió públicamente que el Concilio (y posteriormente la mayor parte de la Iglesia) ya no condenaría los errores; por el contrario, se abriría al mundo, en una presentación “positiva” de Su Doctrina a los “hombres de buena voluntad.” El resultado, como lo reconoció Pablo VI mismo, no fue la ansiada conversión de los “hombres de buena voluntad”, sino aquello que él definió como «una verdadera invasión de la Iglesia por el pensamiento mundano.» Por otras palabras, tanto cuanto posible en la Iglesia Católica (la cual nunca falla por completo en Su misión), representó una especie de Adaptación Sergiana del Catolicismo Romano.

       Pues bien, en conformidad con esa Adaptación de la Iglesia Católica, hacia el año 2000 el Mensaje de Fátima estaría firmemente subyugado a las exigencias de la nueva orientación. Varios miembros de la alta jerarquía del Vaticano habían determinado que Rusia no sería mencionada en ninguna ceremonia de consagración que el Papa pudiese efectuar, como respuesta a las peticiones de la Virgen. En el número de Noviembre de 2000 de la revista Inside the Vatican, se cita a un ilustre Cardenal, identificado solamente como «uno de los consejeros más próximos al Santo Padre», en estos términos: «Roma teme que los ortodoxos rusos pudieran considerar “ofensiva” una alusión específica de Rusia en tal oración, como si sólo Rusia necesitase de ayuda, cuando el Mundo entero, incluso el Occidente poscristiano, afronta gravísimos problemas (…)» Ese mismo Cardenal consejero añadió: «Vamos a tener cuidado para no apegarnos demasiado a la letra.»

       En resumen: “Roma” — es decir, algunos pocos miembros de la Alta Jerarquía del Vaticano, que asesoran al Papa — decidió no atender a la petición específica de Nuestra Señora de Fátima, con recelo de ofender a los ortodoxos rusos; “Roma” no desea dar la impresión de que Rusia tendrá que convertirse a la Fe católica por medio de su Consagración al Corazón Inmaculado de María, porque esto entraría en conflicto con el “nuevo diálogo ecuménico” lanzado por el Concilio Vaticano II. La Consagración y la conversión de Rusia solicitada por la Madre de Dios también entraría en conflicto con el acuerdo diplomático del Vaticano (en la Declaración de Balamand de 1993), según el cual el regreso de los ortodoxos a Roma es una “eclesiología obsoleta” — afirmación que, como hemos demostrado, contradice rotundamente el dogma católico, infalible por definición, de que tanto los herejes como los cismáticos no se pueden salvar mientras permanezcan alejados de la Iglesia Católica. En conformidad con este clamoroso desvío de la Doctrina católica, en enero de 1998 el propio Administrador Apostólico del Vaticano para Rusia, Arzobispo Tadeusz Kondrusiewicz afirmó públicamente: «El Concilio Vaticano II declaró que la Iglesia Ortodoxa es nuestra Iglesia Hermana y tiene los mismos medios de salvación. Siendo así, no se justifica una política de proselitismo.»3

       Debido a este abandono de facto de la permanente Doctrina de la Iglesia — que enseña  que, si desean salvarse, los herejes, los cismáticos, los judíos y los paganos tienen que unirse al rebaño católico — al menos entre aquellos que promueven la nueva orientación de la Iglesia estaría obviamente descartada la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María para obtener su conversión.

       Así, el 13 de mayo de 1982 y, una vez más, el 25 de marzo de 1984, el Papa consagró el Mundo al Corazón Inmaculado, pero sin hacer mención a Rusia. En ninguna de esas ocasiones se contó con la participación de los Obispos del Mundo entero. Por eso, dejaron de cumplirse los dos requisitos declarados por la Hermana Lucía a lo largo de su vida. El propio Papa lo admitió sin rodeos e hizo algunos comentarios reveladores durante y después de la ceremonia de 1984. Durante la ceremonia, ante 250.000 personas en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre, de improviso, añadió al texto preparado estas palabras: «Iluminad especialmente a aquellos pueblos cuya consagración y confiada entrega Vos esperáis de nosotros.»4 Algunas horas después de la ceremonia, conforme relato publicado Avvenire, periódico de los Obispos católicos italianos, el Santo Padre oró en la Basílica de San Pedro, ante una multitud de 10.000 personas, suplicándole a Nuestra Señora que bendijese «a aquellos pueblos cuya consagración y entrega Vos esperáis de nosotros.»5 Rusia no fue consagrada al Corazón Inmaculado de María, y el Papa lo sabe. Evidentemente, persuadido por sus consejeros, el Papa le había dicho al Obispo Cordes, administrador del Pontificio Consejo para los Laicos, que había omitido cualquier mención a Rusia porque «para los líderes soviéticos eso sería una provocación.»6

El surgimiento de la
“Línea del Partido” sobre Fátima

       Pero los fieles no simple y pacíficamente abandonarían la Consagración de Rusia, ya que era obvio que en el período de 1984 — 2000 Rusia no se había realizado la Conversión religiosa que la Virgen prometiera, como consecuencia de una Consagración a su Corazón Inmaculado de forma adecuada. Al contrario: a pesar de ciertos cambios en la política, todo lo que consiguieron fue deteriorar las condiciones material, moral y espiritual de Rusia desde aquella “consagración” de 1984.

       Considérense estas pruebas, que ofrecen sólo un esbozo de la gravedad de la situación en Rusia alrededor del año 2000 (que desde aquel entonces sólo empeoró, como veremos):

  • Transcurridos unos 16 a os desde aquella Consagración, Rusia tiene la tasa de abortos más alta del Mundo. El P. Daniel Maurer, CJD, que vivió en Rusia los últimos 8 a os, dice que, estadísticamente, la mujer rusa hará un promedio de 8 abortos durante sus a os de fertilidad — pero él cree que el número real andará por unos 12 abortos por mujer; habló con mujeres que llegaron a hacer hasta 25 abortos. El principal motivo de esos números escalofriantes es que otros métodos de anticoncepción (inmorales, de cualquier manera) ni se divulgaron en Rusia, ni son confiables. Esto deja el aborto como «el medio más barato para limitar el tama o de la familia.» Actualmente en Rusia los abortos son gratuitos; pero los nacimientos no lo son.7


  • La tasa de natalidad en Rusia está disminuyendo, y su población está cayendo a razón de 700.000 personas por a o — un acontecimiento sin paralelo en “tiempo de paz” en un país civilizado.8


  • Rusia tiene el consumo de alcohol más alto del Mundo.9

  • El satanismo, el ocultismo y la hechicería están aumentando en Rusia, como lo reconoce públicamente el Patriarca ortodoxo ruso, Alexiei II.10


  • La homosexualidad corre a rienda suelta, tanto en Moscú como en todo el territorio ruso. En efecto, en abril de 1993, transcurridos 9 a os desde la “consagración” de 1984, Boris Yeltsin permitió que la homosexualidad fuese legitimada. La homosexualidad es ahora “legal” en Rusia.11


  • Rusia es uno de los principales centros mundiales de difusión de la pornografía infantil. La Associated Press dio a conocer un reportaje sobre una red de pornografía infantil radicado en Moscú conectado con otro círculo de pornografía infantil con sede en Texas. Citando la AP: «Las leyes rusas no distinguen la pornografía infantil de la que envuelve adultos, y tratan la producción y la difusión de ambas como un crimen de menor gravedad — dijo Dmitry Chepchugov, jefe del departamento del Ministerio del Interior ruso para los crímenes de alta tecnología. La policía rusa se queja frecuentemente del caos legal, que hizo de Rusia un centro internacional de producción y difusión de pornografía infantil. ‘Desgraciadamente, Rusia se convirtió en un depósito de basura de pornografía infantil en nivel mundial’ — dijo Chepchugov a los periodistas en Moscú.»12

  • Los rusos ahora asisten ávidamente a los programas de televisión “de la vida real”. En los más depravados programas “de la vida real”, las cámaras de TV filman la vida íntima de “parejas” rusas, incluso sus actividades sexuales. A pesar de los refunfu os de viejos comunistas partidarios de la línea dura, los telespectadores rusos “nunca se hartan” de esa pornografía. El programa «alardea una audiencia de más de 50% y miles de rusos soportan temperaturas bajo cero y hacen cola durante más de una hora con el único objetivo de echar una ojeada a través de una ventana del apartamento. Millones ya han accedido a ese sitio de internet, que con frecuencia queda bloqueado por el volumen de tráfico.»13


  • Con referencia a la Iglesia Católica, en 1997 Rusia promulgó una ley sobre la “libertad de conciencia”, concediéndole a la Iglesia Ortodoxa, al Islamismo, al Judaísmo y al Budismo un estatuto privilegiado, por ser consideradas “las religiones tradicionales” de Rusia, al mismo tiempo que exige que las parroquias católicas obtengan autorización de las autoridades locales, tan sólo para tener derecho a existir. De eso resultó que:


  • El minúsculo clero católico en Rusia, unos 200 sacerdotes, lo constituyen clérigos casi todos extranjeros, que en su mayoría reciben un visado de permanencia válido sólo por tres meses, mientras que el de los hombres de negocios vale por seis meses.14


  • Hay en todo el país solamente diez sacerdotes rusos — cinco en Siberia y cinco en Cazaquistán. Noventa y cinco por cien de los sacerdotes y religiosas son extranjeros. De acuerdo con la honesta opinión del Arzobispo Bukovsky, la Iglesia Católica «es muy reducida (…) y continuará siempre muy reducida.»15


  • Los católicos constituyen menos del medio por cien de la población rusa, mientras que los musulmanes rusos superan el número de católicos, en la proporción de más de 10 por 1. Según informa la radio Free Europe [Europa Libre], el Catolicismo es visto en Rusia como «una especie de excentricidad inexplicable — ¿Por qué un ruso habría de ser católico?»16


  • Según el Vaticano, existen en Rusia 500.000 católicos, la mayoría de los cuales se halla en Siberia, que fue para donde Stalín envió a los abuelos de aquéllos.17

       Considerando todas estas evidencias, era bastante difícil responder a la cuestión sobre si la Consagración de Rusia había sido celebrada de acuerdo con la petición de Nuestra Señora de Fátima. Por lo tanto, bajo el punto de vista de los ejecutores de la nueva orientación de la Iglesia — la Adaptación de la Iglesia al Mundo — había que hacer algo con relación a Fátima. Y, en particular, había que hacer algo con relación a un sacerdote canadiense, el P. Nicholas Gruner, cuyo Apostolado de Fátima se convirtió en una voz de peso para millones de Católicos que estaban convencidos de que la Consagración de Rusia se había descarrilado por causa de los planes de ciertas personas en el Vaticano. Era muy sencillo: Fátima y “el Sacerdote de Fátima” tenían que ser enterrados de una vez por todas.

       El proceso tuvo inicio aún en 1988, cuando — según el relato de Frère François — «llegó una orden del Vaticano dirigida a las autoridades de Fátima, a la Hermana Lucía, a diversos eclesiásticos, incluso al P. Messias Coelho, y a un sacerdote francés [naturalmente, el P. Pierre Caillon], muy devoto de Nuestra Señora, exigiendo que dejasen de importunar al Santo Padre con el tema de la Consagración de Rusia.» El P. Caillon, devoto de Fátima, confirmó la emisión de esa orden: «Llegó una orden de Roma que le obligaba a todos a decir y pensar lo siguiente: “Ya se ha hecho la Consagración. Después que el Papa hubiera hecho todo lo que estaba a su alcance, el Cielo se dignó aceptar esa actitud”.»18 Fue por esa época cuando muchos Apostolados de Fátima, que hasta aquel entonces sostenían que no se había celebrado la Consagración de Rusia, mudaron inesperadamente sus opiniones y declararon que la de 1984 había cumplido los deseos del Cielo. Lamentablemente, hasta el P. Caillon mudó poco después su testimonio, y pasó a decir que la Consagración de 1984 había atendido a las peticiones de la Virgen.

       Fue también por esa época cuando empezaron a circular cartas, presuntamente de la Hermana Lucía, escritas a máquina y en ordenador. Una de esas cartas, absolutamente increíble, fue la del 8 de noviembre de 1989, dirigida a un cierto Sr. Noelker y en la cual constaba la declaración “de la Hermana Lucía” de que el Papa Pablo VI había consagrado el Mundo al Corazón Inmaculado de María, durante una breve visita a Fátima en 1967 — una Consagración que nunca se realizó, como la Hermana Lucía bien sabía por haber presenciado personalmente la visita papal del principio al fin.»19

       Así surgió la Línea del Partido sobre el Mensaje de Fátima. ¿A qué llamamos exactamente “la Línea del Partido”? Vladímir Ilich Lenin dijo cierta vez: «La mentira es sagrada y el engaño será nuestra arma principal.» Por tanto, no era de sorprender que el Pravda, en su condición de órgano oficial del Partido Comunista Soviético, estuviera repleto de mentiras  — a pesar de que la palabra rusa Pravda significa “verdad”. Así, pues, un periódico chamado “Verdad” está siempre lleno de mentiras, conforme las palabras de Lenin: «La mentira es sagrada y el engaño será nuestra arma principal.»

       Pues bien, un mentiroso jamás convencerá a nadie con sus mentiras si lleva al pecho un letrero diciendo “¡Soy un mentiroso!” Ni siquiera un imbécil llevaría a serio a un hombre como ése. Para que un mentiroso pueda convencer a las personas de que sus mentiras son verdad, hay que redefinir la verdad. Es esto lo que quiere decir la frase de Lenin «la mentira es sagrada…» La mentira se convierte en “verdad”, y se acepta servilmente, en vez de aceptar la verdad. Como dicen las Sagradas Escrituras al proferir la maldición en el Libro de Isaías: «¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas.» (Is. 5:20) A las tinieblas de la falsedad se le da apariencia de la luz de la verdad, y éste es uno de los errores fundamentales de Rusia.

       Pero ese artificio de transformar en “verdad” una mentira no se originó en Rusia ni con los comunistas; su origen es el demonio, el Padre de las Mentiras. San Pablo nos habla del demonio disfrazado de ángel de luz. Para ser más específico, él se refiere al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo: «Pero aun cuando [uno de] nosotros o un ángel del Cielo os anunciase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema.» (Gal. 1:8) Es el demonio, presentándose bajo el aspecto de un ángel de luz, quien da la apariencia de verdad, de forma que pueda engañar por medio de la mentira. Y fue ahí donde se originó ese error — “la mentira es sagrada” y “la falsedad es la verdad”.

       El P. Paul Kramer narra una conversación que tuvo con el General Graham, del Ejército de Estados Unidos. «El General Graham contó que en una ocasión estuvo en Rusia con un funcionario soviético y que éste le preguntó: “¿No desea usted la paz?” A lo que el General contestó: “¡No!, porque conozco vuestra definición de paz. No quiero ese tipo de paz.” Mientras charlaban, pasaron delante de un enorme anuncio que exhibía varios soldados armados con sus rifles. En el anuncio había una frase: “Pobieda kommunista eta mir”, lo cual quiere decir: “La victoria comunista es la Paz”»

       Según la enseñanza marxista, el Estado comunista hace la guerra para fomentar la revolución y hace uso de todas las formas posibles de engaño — la guerra total — a fin de subyugar el Mundo entero al Comunismo. Una vez concluida la guerra con la victoria del Comunismo en todo el planeta, se alcanzará la “paz”, en la versión comunista. Pero, ¿qué es la paz, realmente? San Agustín define la paz con más precisión: «La paz es la tranquilidad del orden.» ¿Cuál es la definición correcta? No se trata de un asunto de evaluación subjetiva. Santo Tomás de Aquino explica: «ens et verum convertunter», una forma escolástica de decir que la verdad es convertible con la realidad — es decir, que aquello que objetivamente es real, por esa misma razón, objetivamente es verdadero. Dicho de otro modo: la verdad es aquello que es, mientras la mentira es aquello que no es. Aquello que no es no puede ser verdad. Luego, si alguien dice, por ejemplo, que lo blanco es negro, tal afirmación es una mentira — por muy alta que sea la autoridad de quien lo haya dicho.

       Sin embargo, según la doctrina marxista, la verdad es aquello que promueve la revolución comunista. ¿Y qué es lo que promueve la revolución comunista? Todo aquello que se ha decidido incorporar a la Línea del Partido: aquello que el Partido determina que sea verdadero, pasa a ser “la verdad”, aunque de hecho sea mentira. Así, pues, si la Línea del Partido afirma que “lo negro es blanco”, es precisamente en eso en lo que todos los miembros del Partido tienen que creer — simplemente porque así lo ha decidido el Partido: “lo negro es blanco”.

       Así como hubo una especie de “estalinización” de la Iglesia, en el sentido de una Adaptación de la Iglesia al Mundo, así también habrá una especie de Línea del Partido estalinista sobre Fátima: una versión del Mensaje de Fátima, dictada por la Alta Jerarquía y a la que deben adherir todos los miembros de la Iglesia de la Adaptación posconciliar. En esencia, la Línea del Partido sobre Fátima se reduce a lo siguiente: La “Consagración de Rusia” se ha realizado por completo y todos deben dejar de pedirla. Tal como lo predijo Nuestra Señora de Fátima, tenemos la “paz”. Rusia está llevando a cabo la “conversión” prometida por Nuestra Señora. Por consiguiente — según la Línea del Partido —, no hay nada en el Mensaje que no haya sido cumplido y por eso Fátima es ahora cosa del pasado.

       Como veremos, las expresiones entre comillas — “Consagración de Rusia”, “paz” y “conversión” — pasaron por una redefinición a fin de que la Línea del Partido se ajustase a Fátima. Por consiguiente, se nos pide ahora que, en todo lo que se relacione con Fátima, pasemos a creer en algo como “lo negro es blanco” — porque es esa la Línea del Partido.

La dictadura del Secretario de Estado del Vaticano

       Cada Línea del Partido requiere, para imponerla, un dictador, un jefe del Partido. Si así es, ¿en dónde se originó, dentro del sistema de poder del Vaticano, la Línea del Partido sobre Fátima? Las pruebas son abrumadoras e indican que tuvo origen en la Secretaría de Estado del Vaticano. En este punto, es conveniente hacer una breve retrospectiva.

       Antes de nada, en el sentido formal de las cosas — aquello que San Agustín denominaba “la tranquilidad del orden”, o sea, la Paz — la Iglesia no es una dictadura. La dictadura es una institución bárbara. Como dice Eurípides, «entre los bárbaros todos, menos uno, son esclavos.» Nuestro Señor dijo a sus Apóstoles: «Sabéis que los príncipes de las naciones las tiranizan, y que los grandes las oprimen con su poderío. No será así entre vosotros» (Mt. 20:25-26) A pesar de eso, la tranquilidad del orden — la Paz de la Iglesia — ha sido enormemente perturbada en el período posconciliar. Lo que podemos observar actualmente en la Iglesia es que hay dirigentes de la Curia Romana (no se trata del Papa, sino de algunos de sus Secretarios que gobiernan sobre sus súbditos con un despotismo oriental. Para ser más preciso, aplican su despotismo sobre algunos súbditos que desafían la Línea del Partido, mientras la Iglesia como un todo se encuentra al borde de un colapso de Fe y de disciplina que esos mismos potentados ignoran.

       ¿Cómo pudo suceder todo esto? Desde la reestructuración de la Curia Romana, alrededor de 1967, determinada por el Papa Pablo VI — pero, en realidad, proyectada e implantada por el Cardenal Jean Villot — se hizo posible el comportamiento dictatorial de los dirigentes de los diversos dicasterios romanos. Antes del Concilio Vaticano II la Curia Romana tenía la estructura de una monarquía. El Papa era el Prefecto del Santo Oficio, mientras que el Cardenal encargado del expediente diario del Santo Oficio ocupaba el segundo puesto. Los demás dicasterios se hallaban en un nivel inferior. Así, si, por un lado, tenían su propia autoridad y jurisdicción y, según el principio de subsidiariedad,20 estaban subordinados al Santo Oficio, por otro, el Santo Oficio también estaba directamente subordinado al Papa. Este esquema estaba en perfecta armonía con la Divina Constitución de la Iglesia. El Papa, Vicario de Jesucristo en la Tierra, estaba a la cabeza de toda la cadena de mando.

       Sin embargo, después del Vaticano II el Cardenal Villot proyectó la reestructuración de la Curia Romana. Mucho antes de que Gorbachov hubiese anunciado su programa de perestroika en la Unión Soviética, la Iglesia ya ponía en práctica su propia perestroika en la Curia Romana. El Santo Oficio pasó a tener otra denominación, pero mucho más importante que eso fue la pérdida de su anterior supremacía dentro de la Curia. Ésta fue reestructurada de tal forma que el Cardenal Secretario de Estado se situaba en una posición superior a la de todos los demás dicasterios, incluso el anteriormente llamado Santo Oficio. Éste, con una nueva estructura, pasó a llamarse Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) y el Papa dejó de ser su Prefecto. Quien la dirige ahora es un Cardenal Prefecto (actualmente el Cardenal Ratzinger) y está subordinada a la autoridad del Secretario de Estado.

       En el anterior sistema de gobierno — bajo la autoridad del Papa y de Su Santo Oficio —, la Fe y la Moral eran los principales factores que determinaban la política curial. Sin embargo, en la “estructura” posconciliar, bajo las órdenes del Cardenal Secretario de Estado y de su dicasterio (la Secretaría de Estado), es la Línea del Partidoo sea, la política del Secretario de Estado —  el factor supremo que determina la formulación de los planes de acción de la Iglesia; hasta el antiguo Santo Oficio, ahora la CDF, se subordina al Secretario de Estado. Por lo tanto, como consecuencia de esa reestructuración, el Santo Padre, el Sumo Pontífice, no es más que una figura decorativa que da su aprobación — como quien pone un sello — a las decisiones que el Secretario de Estado le presenta como un fait accompli [hecho consumado]. Conviene repetirlo: El Papa fue reducido a una figura decorativa al servicio de la dictadura del Secretario de Estado. 21

       En el registro masónico exigido por la ley italiana aparece el nombre de Jean Villot — el mismo Villot que dirigió la reorganización curial. Después de su muerte, se encontró en su biblioteca particular una misiva escrita a mano del Gran Maestro de la Logia Masónica a que pertenecía, elogiándolo por haber conservado las tradiciones de la Masonería.22  Como comentó un sacerdote francés que vivía en Roma: «Por lo menos había un área en que era tradicionalista.»

El uso de la falsa “obediencia” como
forma de imponer la Línea del Partido

       En 1917, en el mismo año en que Nuestra Señora se apareció en Fátima, San Maximiliano Kolbe estaba en Roma, cuando presenció la hostilidad declarada de los masones contra la Iglesia Católica, y sus manifestaciones con carteles en que anunciaban su intención de infiltrarse en el Vaticano, de tal forma que Satanás pudiera reinar desde allí y que el Papa fuera su esclavo.23 Al mismo tiempo también se jactaban de que destruirían la Iglesia. Esa intención de los masones de destruir la Iglesia se encaja perfectamente en el famoso precepto masónico: «Destruiremos la Iglesia por medio de la santa obediencia.» Como hemos mostrado en un capítulo anterior, el Obispo Graber de Regensburg (Alemania) reunió otros testimonios similares de masones ilustres, y la propia Instrucción Permanente de Alta Vendita afirmó con todo descaro: «Que el Clero marche bajo vuestro estandarte, pero siempre creyéndose que marcha bajo el de las Llaves Apostólicas.» Es decir: la exigencia de “obediencia” sería aplicada de forma dictatorial, para enflaquecer insidiosamente la verdadera obediencia y hasta la propia Fe.

       Así, pues, la reorganización de la Curia en 1967 sería un instrumento para alcanzar tal objetivo mediante la sumisión de toda la Iglesia a la Línea del Partido del Secretario de Estado  — incluso la Línea del Partido sobre Fátima — bajo el aspecto de una falsa “obediencia” a una autoridad que indudablemente había excedido los límites establecidos por Dios mismo. Como demostraremos dentro de poco, fue el Cardenal Sodano quien, literalmente, dictó la “interpretación” del aspecto visionario del Tercer Secreto de Fátima — aquel que se publicó omitiendo las palabras de la Santísima Virgen que lo explicaban.

El Secretario de Estado
apunta hacia el Mensaje de Fátima

       Este hecho nos mostró con toda claridad el papel exacto del Secretario de Estado al imponer la Línea del Partido con relación a Fátima. Como ya hemos indicado, este proceso involucraría el Mensaje de Fátima como un todo y, en particular, al que probablemente es su más notorio defensor dentro de la Iglesia: el Apostolado de Fátima del P. Nicholas Gruner.

       Ya en 1989, el Secretario de Estado, el Cardenal Casaroli (el gran “arquitecto” de la Östpolitik) le había transmitido al Obispo del P. Gruner de aquel entonces, su Excelencia Reverendísima Gerardo Pierro, de la diócesis de Avellino, Italia, aquello que el Obispo calificó de “señales preocupantes” acerca del Apostolado de Fátima del P. Gruner. Éste se había ordenado en Avellino en 1976, para una comunidad franciscana que, contrariando las expectativas, no se llegó a formar. Desde 1978, con la debida autorización de su Obispo, el P. Gruner pasó a vivir en Canadá, donde asumió la dirección de un minúsculo Apostolado de Fátima que, desde entonces, fue creciendo hasta constituir el mayor del Mundo en su género. Sin embargo, después de haberse impuesto la Línea del Partido sobre la “Consagración” de 1984 por medio de aquella orden anónima de 1988, era inevitable que ocurriese un conflicto entre el Apostolado del P. Gruner y el Secretario de Estado, semejante al que ocurrió entre la orientación tradicional y la nueva orientación de la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II.

       La táctica que emplearon para verse libres del P. Gruner fue montar un escenario canónico ficticio en el que, por habérsele exigido que encontrase otro obispo que lo incardinase fuera de Avellino, cualquier tentativa de incardinación en cualquier otro lugar le sería obstruida por medio de tortuosas e insólitas maquinaciones entre bastidores, de tal manera que el Padre Gruner no tuviese más remedio que “regresar” a Avellino y abandonar su apostolado. Después de haberle sido negada la incardinación, sucesivamente por tres Obispos tolerantes y partidarios de la causa de Fátima, el sistema de poder del Vaticano (en un complicado proceso fuera de la finalidad de este libro24) declaró por fin su decisión: o el P. Gruner volvía a Avellino, o sería “suspenso” por “desobediencia”. En suma: el P. Gruner quedó bajo amenaza de “suspensión” por no haber logrado hacer aquello que sistemáticamente sus propios acusadores le habían impedido: encontrar otro Obispo que lo incardinase.25

       Mientras circulaban entre los diversos tribunales del Vaticano varias apelaciones canónicas del P. Gruner contra las insólitas maniobras que se le aplicaron, su Apostolado de Fátima seguía creciendo. Hacia el año 2000 y en particular por medio de su revista The Fatima Crusader [La Cruzada de Fátima], el Apostolado se tornó la voz más fuerte y más persistente de la Iglesia, a favor tanto de la Consagración de Rusia como también de la divulgación del Tercer Secreto.

       Además, el Papa complicó el cuadro de Fátima cuando decidió beatificar a Jacinta y Francisco, en una ceremonia celebrada en Fátima el 13 de mayo de 2000. Su intención de beatificar a los dos pastorcitos ya había sido divulgada en junio de 1999 y la evolución de los acontecimientos  provocó un nítido conflicto en el núcleo del sistema de poder del Vaticano. Es lo que revela el curioso comportamiento de avanzar y retroceder alternativamente en la cuestión de la ceremonia de beatificación, cosa extremamente rara en el Vaticano. Primero el Secretario de Estado, Cardenal Angelo Sodano, anunció en octubre de 1999 que la beatificación de Jacinta y Francisco ocurriría el día 9 de abril de 2000 en la Plaza de San Pedro, juntamente con otras beatificaciones. La prensa portuguesa publicó la noticia de que el Patriarca de Lisboa había sido informado de que era “totalmente imposible” la ida del Papa a Fátima para celebrar la beatificación de los niños, y que ése era un asunto “cerrado”. El Cardenal Patriarca les dijo a los periodistas portugueses que estaba convencido de que la “imposibilidad” de que el Papa fuera a Fátima se debía exclusivamente a una decisión del Secretario de Estado del Vaticano y de nadie más.

       Pero el Papa tenía otras ideas. En noviembre de 1999 Su Santidad — naturalmente, dejando de lado al Cardenal Sodano — le autorizó directamente a D. Serafim, Obispo de Leiria-Fátima, a divulgar Su ida a Fátima el 13 de mayo, para celebrar las beatificaciones. Sólo en diciembre de 1999 dio D. Serafim la noticia; posteriormente, en marzo de 2000, dejó escapar la información de que «el Papa hará algo especial con relación a Fátima», lo cual provocó una furiosa especulación en la prensa sobre si el Papa iría a revelar, por fin, el Tercer Secreto. D. Serafim fue inmediatamente amonestado en público por el Cardenal Patriarca de Lisboa — probablemente por orden de alguien al servicio del Secretario de Estado de Vaticano, que no deseaba que nadie supiese que el Papa admitía la hipótesis de divulgar el Secreto. Pero aquella información ya era de dominio público.26

       Y el Papa fue a Fátima el 13 de mayo de 2000 para beatificar a Jacinta y a Francisco. La presencia del Papa allí fue una especie de demostración palpable del conflicto entre las dos visiones de la Iglesia que venimos discutiendo. Evocando la Iglesia de todos los tiempos, el Papa pronunció una homilía después de las beatificaciones. En dicha homilía muchas cosas que la Iglesia ya parecía haber olvidado en los últimos 40 años fueron inesperadamente recordadas:

       Por designio divino, «una Mujer revestida del Sol» (Apoc 12:1) descendió del Cielo a la Tierra para visitar a los tres niños escogidos por el Padre. Les habla con la voz y el corazón de una madre; les solicita que se ofrezcan como víctimas de reparación, y les dice que está preparada para llevarlos a Dios sanos y salvos (…)
       Posteriormente, Francisco, uno de los tres niños privilegiados, declaró: «Estábamos ardiendo en aquella luz que es Dios y no nos abrasábamos. ¿Cómo es Dios? No se puede decir. Eso sí que nunca podremos decirlo.» Dios, una luz que arde, pero no abrasa. Fue la misma sensación que tuvo Moisés cuando vio a Dios en la zarza ardiente.
       «Otra señal apareció en el cielo: un dragón.» (Apoc 12:3) Estas palabras de la primera lectura de la Misa nos hacen pensar en la grandiosa lucha que se traba entre el Bien y el Mal, pudiéndose comprobar cómo el hombre, al dejar de lado a Dios, no consigue alcanzar la felicidad, antes acaba destruyéndose a sí propio (…)
       El Mensaje de Fátima es un llamamiento a la conversión, y alerta a la Humanidad a que no haga el juego del “dragón”, cuya “cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo y las lanzó a la Tierra” (Apoc. 12:4)
       La finalidad última del Hombre es el Cielo, su verdadero hogar, donde, con Su Amor misericordioso, el Padre Celestial nos espera a todos. Dios no desea la perdición de nadie; por eso hace dos mil años mandó a la Tierra a Su Hijo «para buscar y salvar lo que estaba perdido.» (Luc. 19:10) (…)
       En su desvelo maternal, la Santísima Virgen vino aquí a Fátima, para pedirles a los hombres que «no volvieran a ofender a Dios, Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.» Su dolor de madre La lleva a decir: Está en juego la suerte de Sus hijos. Por eso dijo a los pastorcitos: «Orad, orad mucho y haced sacrificios por los pecadores, porque muchas almas se van al Infierno por no haber nadie que se sacrifique y ruegue por ellas.» (Cursiva, nuestra)

       Al establecer una relación directa del Mensaje de Fátima con el libro del Apocalipsis, y al comparar el encuentro de los videntes de Fátima con Dios y el de Moisés ante la Zarza Ardiente, el Vicario de Cristo sorprendentemente autenticó las apariciones de Fátima, como siendo profecías divinas para nuestro tiempo. De repente, Fátima volvió a ser aceptable a los ojos de toda la Iglesia.

       Hubo, ante todo, la inesperada referencia del Papa al Mensaje de Fátima como un momento bíblico, el cabal cumplimiento del capítulo 12, versículo 1 del Apocalipsis, que habla de la «Mujer revestida del Sol». En esto, el Papa Juan Pablo II hizo eco al Papa Pablo VI, quien en la Carta Apostólica Signum Magnum, divulgada en Fátima el 13 de mayo de 1967, había declarado:

       La portentosa señal que el Apóstol San Juan viera en el Cielo — «una Mujer revestida del Sol» — la sagrada Liturgia la interpreta, no sin motivo, como alusiva a la Santísima Virgen María, Madre de todos los hombres por la gracia de Cristo Redentor. (…) Por ocasión de las ceremonias religiosas en honor de la Virgen Madre de Dios que se realizan actualmente en Fátima, Portugal, donde la veneran ingentes multitudes de fieles por Su maternal y compasivo corazón, Nos deseamos, una vez más, llamar la atención de todos los hijos de la Iglesia para el indisoluble vínculo que existe entre la maternidad espiritual de María (…) y los deberes que tienen los hombres para con Ella, como Madre de la Iglesia.

       Aún más extraordinario es que, en su homilía, Juan Pablo II hubiese vinculado explícitamente el Mensaje de Fátima con el versículo 4 del capítulo 12 del Apocalipsis — que profetiza que “la cola del dragón” arrastrará la tercera parte de las estrellas del Cielo y las lanzará sobre la Tierra. Como observaría posteriormente el P. Gruner: «En el lenguaje bíblico, “estrellas del Cielo” son aquellas personas que están en los cielos para iluminarle a las demás el camino hacia el Cielo. Este pasaje ha sido tradicionalmente interpretado en los comentarios católicos en el sentido de que una tercera parte del Clero — esto es, de los Cardenales, Obispos, Sacerdotes — decae de su consagrada condición y, en realidad, se pone al servicio del demonio.» Por ejemplo, el Comentario de Haydock a la Biblia Douay-Rheims (en inglés) explica que la imagen de una tercera parte de las estrellas del Cielo ha sido interpretada como refiriéndose a «los Obispos y eminentes personalidades que sucumben bajo el peso de la persecución y cometen apostasía. (…) El demonio está siempre al acecho, en la medida que Dios se lo permite, para guerrear contra la Iglesia y contra los fieles siervos de Dios.»

       En conexión con esto, el P. Gruner, el Dr. Gerry Matatics — estudioso católico de la Biblia (ex pastor presbiteriano) — y varios otros citaron el comentario al Apocalipsis (12:3 — 4) del P. Herman B. Kramer, en su libro The Book of Destiny [El Libro del Destino], publicado con el Imprimatur en 1956, en un momento muy oportuno, solamente seis años antes de la apertura del Concilio Vaticano II. Con relación al símbolo de la tercera parte de las estrellas del Cielo, comenta el P. Herman Kramer: «Esto quiere decir una tercera parte del Clero» y que «la “tercera parte” de las estrellas obedecerá al dragón», lo cual significa un tercio de los clérigos católicos, aquellos que son “estrellas”, las almas consagradas de la Iglesia.27 Es decir, una tercera parte del Clero católico se pondrá al servicio del demonio, actuando desde dentro de la Iglesia para Su destrucción. El comentario del P. Herman Kramer resalta que el dragón color de fuego — un signo que podría representar el Comunismo, puesto que el rojo es su color representativo — provoca una gran aflicción en la Iglesia al verla enflaquecida por quienes se hallan en Su interior.

       El comentario prosigue diciendo que, por medio de este Clero apóstata, el demonio probablemente le impondrá a la Iglesia «la aceptación de morales no cristianas, doctrinas falsas, transigencia con el error, u obediencia a gobernantes laicos en violación de conciencia.» Y sugiere además que «el significado simbólico de la cola del dragón puede mostrar que los clérigos que se disponen a apostatar conservarán sus influyentes posiciones en la Iglesia, después de haberlas alcanzado por medio de hipocresía, fraude y adulación.» El Clero que seguirá al dragón — o sea, al demonio — incluiría a los que «dejaron de predicar la verdad o de amonestar al pecador por medio de un ejemplo eficaz, y que, por el contrario, buscaron la popularidad por su tibieza y por ser esclavos del respeto humano», así como aquellos «que temen perjudicar sus propios intereses y no denuncian las perniciosas prácticas en la Iglesia» y los Obispos «que odian a los Sacerdotes íntegros que se atreven a decir la verdad.»28 Con relación al estado de la Iglesia Católica en los tiempos profetizados en Apoc. 12:3-4, el P. Herman Kramer comenta lo siguiente:

       «La democracia apostólica fundada por Nuestro Señor será sustituida por una monarquía absoluta, en la que el episcopado gobernará con un despotismo oriental. Así, los Sacerdotes serán reducidos al servilismo y a la humillante adulación. El gobierno de la razón, de la justicia y del amor será suplantado por la incontestable voluntad del Obispo, cuyas acciones y palabras habrán de aceptarse sin controversia, sin que se pueda invocar el hecho, la verdad o la justicia. La conciencia perderá su legitimidad como guía de las acciones de los Sacerdotes y será ignorada o condenada. La diplomacia, el oportunismo y otros fraudes serán ensalzados, como si se tratase de las más grandes virtudes.»29

       Sin embargo, nada de esto se menciona en los fragmentos del Mensaje de Fátima divulgados hasta el presente. Con su sorprendente alusión al Apocalipsis 12:3-4, ¿habrá ofrecido el Papa al mundo una visión fugaz del contenido del Tercer Secreto? ¿Divulgará ahora el texto íntegro?

       Desgraciadamente, la homilía termina aquí; no será el Papa quien comentará el Tercer Secreto. Con la misma rapidez con que había comenzado, termina la breve alusión del Papa a su visión de la Iglesia de todos los tiempos, y se surge, uno de los principales intérpretes de la nueva visión. Es el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano — el mismo Cardenal Sodano que inútilmente procuró impedir la ida del Papa a Fátima para beatificar a Jacinta y Francisco. Por algún extraño motivo, es Sodano — y no el Papa — quien anunciará la decisión de Su Santidad de revelar el Tercer Secreto de Fátima:

       En la solemne circunstancia de su venida a Fátima, el Sumo Pontífice me ha encargado daros un anuncio. Como es sabido, el objetivo de su venida a Fátima ha sido la beatificación de los dos “pastorinhos”. Sin embargo, quiere atribuir también a esta peregrinación suya el valor de un renovado gesto de gratitud hacia la Virgen por la protección que le ha dispensado durante estos años de pontificado. Es una protección que parece que guarde relación también con la llamada “tercera parte” del secreto de Fátima.

       Y así, lo que hasta aquel momento parecía muy extraño, de repente lo aclaró todo: la tarea del Cardenal Sodano consistía en preparar a los fieles para que aceptasen la noción de que el Mensaje de Fátima — incluso el Tercer Secreto —  debería ser considerado un asunto superado. Este proceso se iniciaría con la “interpretación” del Tercer Secreto presentada por el Cardenal:

       Este texto es una visión profética comparable a la de la Sagrada Escritura, que no describe con sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetiza y condensa sobre un mismo fondo hechos que se prolongan en el tiempo en una sucesión y con una duración no precisadas. Por tanto, la clave del lectura del texto ha de ser de carácter simbólico. (…)
       Según la interpretación de los pastorinhos, interpretación confirmada recientemente por Sor Lucia, el «Obispo vestido de blanco» que ora por todos los fieles es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos), cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego. [Cursiva, nuestra]

       Como los fieles van a saber muy pronto, se trata pura y simplemente de una mentira. El “Obispo vestido de blanco” no aparece en la visión como si estuviera muerto: lo matan — según lo afirma claramente el texto — a la manera de una ejecución militar, junto con muchos Obispos, Sacerdotes y Religiosos en las afueras de una ciudad medio en ruinas.

       ¿Por qué, pues, se añadieron las palabras “como muerto” en la “interpretación”? El Cardenal Sodano inmediatamente echa una mano:

       Después del atentado del 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había sido «una mano materna quien guió la trayectoria de la bala», permitiendo al «Papa agonizante» que se detuviera «en el umbral de la muerte». (...)
       Los sucesivos acontecimiento del año 1989 han llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos Países del Este, a la caída del régimen comunista que propugnaba el ateísmo. (...)
       Aunque las vicisitudes a las que se refiere la tercera parte del Secreto de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a la conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del siglo XX, conserva todavía hoy una estimulante actualidad. (Cursiva, nuestra)

       Con la mayor simplicidad, Sodano estaba preparando el terreno para una “interpretación” del Mensaje de Fátima para sepultarlo definitivamente: el Mensaje culminó con la tentativa de asesinato de 1981 y con el  “derrumbe del Comunismo” en 1989 — acontecimientos que «parecen ya pertenecer al pasado.» Para asegurar esa interpretación, se prepararía  un “comentario” antes de la divulgación del texto del Tercer Secreto:

       Para permitir que los fieles reciban mejor el mensaje de la Virgen de Fátima, el Papa ha confiado a la Congregación para la Doctrina de la Fe la tarea de hacer pública la tercera parte del «secreto», después de haber preparado un oportuno comentario.

       Pero ¿por qué no se concluyó a tiempo este comentario para la ceremonia del 13 de mayo? Al fin y al cabo, las noticias sobre la inminente revelación del Tercer Secreto estaban en circulación desde marzo de 2000. Fue en ese mes cuando el Obispo D. Serafim informó que, durante una visita a Roma, el Papa le había dicho que, cuando fuese para la beatificación, en mayo de 2000, «haría algo especial por Fátima.30»

       Curiosamente, el Papa instó al Obispo D. Serafim  a que no mencionase nada sobre este asunto mientras permaneciese en Roma y que esperase hasta llegar a Fátima. Sin embargo, el Papa ya tenía en mente dicho asunto desde noviembre del año anterior; ¿por qué entonces no se preparó ningún “comentario” durante ese período (entre noviembre de 1999 y mayo de 2000)? No hay duda de que, durante todo ese tiempo, podría haber sido redactado fácilmente dicho comentario.

       Dos conclusiones se imponen: o el Papa no le había manifestado al Cardenal Sodano su intención de divulgar el Tercer Secreto — y en este caso el Papa no mostraría confianza en Sodano —, o el Papa se lo comunicó  — y en este caso el Cardenal Sodano juzgó que, de una u otra forma, podría impedir su divulgación en la ceremonia del 13 de mayo de 2000. Esto explicaría el motivo por el cual Sodano no preparó previamente el comentario: o por pensar que no sería necesario, puesto que conseguiría impedir cualquier revelación del Tercer Secreto. Pero el Papa siguió adelante — por lo cual hubo que “modificar” el Mensaje de tal forma que la cuestión de Fátima pudiese ser enterrada.

Una conferencia de prensa para anunciar
la Línea del Partido de Sodano

       Y así llegamos a la fatídica fecha del 26 de junio de 2000, cuando, en una conferencia de prensa en el Vaticano, se “divulga” el Tercer Secreto, junto con un comentario preparado por el Cardenal Ratzinger y por Mons. Tarcisio Bertone, Secretario de la CDF, bajo el título El Mensaje de Fátima (de ahora en adelante citado como EMF). En EMF se promulgaría oficialmente la Línea del Partido sobre Fátima, bajo el mando directo del Cardenal Angelo Sodano.

       Antes de nada se les dijo a los fieles que el texto que se iba a divulgar, de una visión que había tenido la Hermana Lucía, era todo lo que había acerca del Tercer Secreto de Fátima:

       Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios «algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él» a un Obispo vestido de Blanco «hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subír una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de  maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

       La reacción inmediata de millones de católicos se podría resumir en dos palabras: ¿Sólo eso? Indudablemente, había algo que no combinaba, puesto que nada en ese texto correspondía a lo que había dicho el Cardenal Ratzinger sobre el Tercer Secreto en 1984 — un punto de que trataremos dentro de poco — ni tampoco contenía nada que pudiese explicar su misterioso encubrimiento desde 1960.

       Lo más importante de todo esto es que en esta confusa visión, escrita en cuatro hojas de papel (de un cuaderno), no había ni una sola palabra de Nuestra Señora. Y, en particular,  no había nada con que se pudiese completar la famosa frase que dijo Nuestra Señora al final del fragmento del Mensaje de Fátima, fielmente transcrito por la Hermana Lucía en sus memorias: «En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe, etc.» La Hermana Lucía había añadido esta frase, incluso el “etc.”, a su cuarta Memoria como parte del texto integral del Mensaje. Esta adición hizo que todos los estudiosos de Fátima dignos de crédito concluyesen que esa frase indicaba el comienzo de la parte del Tercer Secreto, todavía no revelado, y que el Tercer Secreto se refería a una crisis dogmática muy difundida en la Iglesia, excepto en Portugal. Indudablemente, la Santísima Virgen tuvo que decir otras cosas, que, si no se llegaron a escribir fue porque la Hermana Lucía fue instruida a mantenerlas en secreto hasta 1960, como hemos visto.

       Sin embargo, por medio de una curiosa maniobra, EMF evitó que se discutiese la frase reveladora, al utilizar el texto de la Tercera Memoria de la Hermana Lucía donde no aparece aquella frase.  EMF así lo justifica: «Por lo que se refiere la descripción de las dos primeras partes del “secreto”, por lo demás ya publicado y por tanto conocido, se ha elegido el texto escrito por Sor Lucía en la tercera memoria del 31 de agosto de 1941; después añade alguna anotación en la cuarta memoria del 8 de diciembre de 1941.» ¿Alguna anotación? La frase clave referente a la conservación del dogma de la Fe en Portugal no fue una “anotación” cualquiera, sino, por el contrario, un elemento que integra las palabras dichas por Nuestra Señora, después de las cuales Ella les dijo: «Esto no se lo digáis a nadie. A Francisco sí podéis decírselo.»

       Después de haber calificado falsamente una parte importante del Mensaje de Fátima como “alguna anotación” cualquiera, EMF intenta sepultarlo en una nota al pie de la página que nunca más se volverá a mencionar: «En la citada “cuarta memoria”, Sor Lucía añade: “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc...”»

       ¿Por qué motivo Sodano/Ratzinger/Bertone habrán sido tan astutos con esa frase clave, que, de forma muy evidente, removieron de su camino, mediante el uso de una Memoria del Mensaje más juvenil y por tanto menos completa? Si no había nada que esconder en esta frase, ¿por qué no se usó sencillamente la Cuarta Memoria, ni se intentó descubrir su significado? ¿Por qué los autores de EMF fingieron tan obviamente que la frase era una simple “anotación”, cuando estaban cansados de saber que dicha frase aparecía en el texto integral como parte de las palabras proferidas por la Madre de Dios? En un próximo capítulo volveremos a investigar este sospechoso comportamiento.

       Otro motivo de sospechas era que la visión del “Obispo vestido de Blanco” no podía ser de  ningún modo la carta (...), de una sola página, en que “la Hermana Lucía escribió las palabras que Nuestra Señora confirió a los tres pastorcitos, como secreto en la Cova de Iría” — como el propio Vaticano la había descrito en el susodicho comunicado de prensa en 1960. El texto de la visión se extiende por cuatro páginas que parecen ser hojas pautadas de un cuaderno.

       Otra circunstancia sospechosa es que en 26 de junio quedó patente la falsedad que el Cardenal Sodano había divulgado el 13 de mayo: el Papa es asesinado por soldados que lo abaten a tiros mientras estaba arrodillado a los pies de una gran Cruz en las afueras de una ciudad semidestruida. El Papa no está “como muerto”, como falsamente había afirmado Sodano en mayo; el Papa fue muerto. Independientemente de su significado, la visión no tiene absolutamente nada que ver con el atentado de 1981. Los fieles ya habían sido engañados en mayo, y continúa ostensivamente ahora el proceso de engañarlos.

       Las incontables discrepancias suscitadas por este texto — que indujeron a los católicos en todo el mundo a dudar de que hubiésemos recibido integralmente el Segredo — serán discutidas más adelante. Por ahora nos limitamos a examinar de forma genérica el “comentario” de Ratzinger/Bertone en EMF sobre el Mensaje de Fátima.

El Cardenal Sodano impone
la “interpretación” del Tercer Secreto

       En primer lugar, EMF constituye un reconocimiento implícito de que la “interpretación” del Mensaje de Fátima — que el Cardenal Ratzinger y Mons. Bertone van a “intentar” (según afirmó el primero) — la impuso ni más ni menos que el Cardenal Sodano. Por lo menos cuatro veces, EMF afirma que está siguiendo la “interpretación” del Tercer Secreto dada por el Cardenal Sodano, es decir, que Fátima es cosa del pasado:

       Antes de iniciar un intento de interpretación, cuyas líneas esenciales se pueden encontrar en la comunicación que el Cardenal Sodano pronunció el 13 de mayo de este año ...

       Por este motivo, el lenguaje imaginativo de estas visiones es un lenguaje simbólico (...);  El Cardenal Sodano dice al respecto (...)

       Como se desprende de la documentación precedente, la interpretación que el Cardenal Sodano ha dado en su texto del 13 de mayo, había sido presentada anteriormente a Sor Lucia en persona (...)

       Ante todo, debemos afirmar con el Cardenal Sodano: «... los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del “secreto” de Fátima, parecen pertenecer ya al pasado.».

       Y, por si el lector no ha captado adecuadamente la cuestión central, una vez más se demuestra de forma conclusiva el objetivo básico de EMF:

       En la medida en que se refiere a acontecimientos concretos, ya pertenecen al pasado.

       ¿No es curioso que la interpretación del importantísimo mensaje de la Virgen de Fátima al mundo se le haya confiado, no al Papa, ni a la Congregación para la Doctrina de la Fe (que simplemente se limitó a reproducir la opinión del Cardenal Sodano), sino al Secretario de Estado del Vaticano? ¿Qué autoridad tiene el Cardenal Sodano para imponerle a la Iglesia su opinión? Ninguna, por supuesto. Sin embargo, el Cardenal Sodano se había arrogado dicha autoridad al mantener, después del Concilio, el predominio absoluto del Secretario de Estado del Vaticano, en el nivel superior, de facto, que el del Papa, cuando se trata de dirigir los asuntos cotidianos de la Iglesia.

       Sería oportuno mencionar aquí otro ejemplo revelador de la usurpación de la autoridad, practicada por el Secretario de Estado. En el artículo “El Papa, la Misa y la política de los burócratas del Vaticano” (de la revista The Latin Mass, suplemento de Invierno, enero de 2002), el periodista italiano Alessandro Zangrando narra el episodio en que el Secretario de Estado del Vaticano había impedido que se publicasen en L’Osservatore Romano los elogios del Papa a la Misa tradicional, en latín. Dichos elogios constaban en un mensaje papal a una asamblea de la Congregación para la Adoración Divina y la Disciplina de los Sacramentos: «En el Misal Romano de San Pío V, así como en varias liturgias orientales, hay muchas oraciones muy hermosas por medio de las cuales los celebrantes expresan su más profundo sentido de humildad y reverencia ante los Misterios Sagrados, y esas oraciones ponen de manifiesto la propia Esencia de cada Liturgia.»

       Zangrando observó que, mientras los mensajes pontificios a las Congregaciones del Vaticano por lo regular se publican inmediatamente después de su emisión, éste solamente se publicó después que el elogio del Papa a la Misa Tridentina hubiera sido publicado en el periódico secular italiano Il Giornale. Fue entonces cuando, inesperadamente (24 horas después), el Secretario de Estado del Vaticano divulgó el texto del Santo Padre a través de la Oficina de Prensa del Vaticano — o sea, más de un mes después de haberlo emitido el Sumo Pontífice. Sin embargo, contrariamente a la práctica normal, el mensaje del Papa a la Congregación no se ha publicado hasta hoy en el periódico pontificio L’Osservatore Romano. Zangrando citó la conclusión del famoso vaticanista (experto en asuntos del Vaticano) Andrea Tornielli: «El hecho de que el Secretario de Estado del Vaticano hubiese divulgado el texto de la carta del Santo Padre tan sólo 24 horas después de la publicación del artículo [en Il Giornale] es una prueba de que, realmente, se intentaron “censurar” las palabras del Papa. Pero “el tiro salió por la culata”, con un resultado imprevisto» — es decir, los elogios del Papa a la Misa tradicional acabaron teniendo una repercusión mucho más grande en la prensa secular.

       Aquí vemos otro elemento clave de la nueva orientación de la Iglesia — el abandono de su liturgia latina tradicional — y como el Secretario del Estado la impuso en este censura del elogio del Papa de la Misa tradicional. Quien sabe cuantas otras declaraciones papales el Secretario del Estado de Vaticano censuró — exitosamente? Este incidente es típico de la manera en que la gobernación de la Iglesia funciona hoy en día, especialmente debido a la salud física debilitante del Papa.

El Cardenal Ratzinger pone en práctica
la Línea del Partido de Sodano

       Volviendo al “comentario” y teniendo en consideración estos hechos, cualquiera puede observar que la conferencia de prensa del 26 de junio de 2000 tenía un objetivo preponderante: cumplir la orden del Cardenal Sodano con respecto a la interpretación “correcta” del Mensaje de Fátima. En el mismo momento en que los periodistas salían de la sala, se estaba enterrando — integralmente — el Mensaje de Fátima. Y una vez enterrado, el Mensaje ya no representaba un obstáculo a la inexorable dedicación del Cardenal Sodano y sus colaboradores a la nueva Iglesia, con orientación pos Fátima, que incluye (como veremos) las importantes actividades eclesiales de ensalzar, cenar y convivir con tipos como Mikhail Gorbachov, de haber pedido el Papa disculpas al régimen de la China Roja, de presionar a los católicos rumanos para cederle a la Iglesia Ortodoxa los derechos de la Iglesia Católica local sobre las propiedades usurpadas por Josef Stalin, de apoyar y aun contribuir con dinero para un Tribunal Criminal Internacional, ateo e irresponsable, que, bajo los auspicios de la ONU, podrá juzgar a los católicos de cualquier país por “crímenes contra la Humanidad” no especificados, y otros “triunfos” análogos de la diplomacia del Vaticano.

       En otras palabras: Cada uno de los últimos defensores de la Iglesia debe adaptarse al nuevo modo de pensar y de hablar al Mundo — lo cual no se coaduna ni con la profecía de Nuestra Señora de Fátima sobre el triunfo de su Corazón Inmaculado, ni con la difusión de la devoción a su Corazón Inmaculado ni con la subsiguiente conversión de Rusia mediante la intervención del Corazón Inmaculado. Este tipo de discurso sencillamente ya no funciona, aun cuando venga de la Madre de Dios. Por eso, la misión concreta confiada al Cardenal Ratzinger y a Mons. Bertone en 26 de junio de 2000 era encontrar una manera de “desconectar” en definitivo los fieles de los aspectos explícitamente católicos del Mensaje de Fátima, que de forma tan clara nos evocan a la Iglesia “triunfante” de la “edad de las tinieblas preconciliar”. Como observaría el periódico Los Angeles Times en sus titulares del 27 de junio de 2000: «La Iglesia Católica revela el Tercer Secreto: El más importante teólogo del Vaticano denuncia con diplomacia el Relato de una Monja sobre su Visión de 1917, que por varias décadas alimentó la especulación.» La tentativa fue tan flagrante que hasta un periódico secular no podía dejar de comentarla. Veamos la prueba de este crimen contra la Virgen de Fátima y contra los santos videntes que Dios eligió para recibir Su Mensaje.

       Primeramente, hubo la tentativa del Cardenal Ratzinger, de eliminar en EMF el Triunfo del Corazón Inmaculado:

       Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del «secreto», que con razón se ha hecho famosa: «mi Corazón Inmaculado triunfará». ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este «sí» Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre.

       E lector atento observará inmediatamente que el Cardenal Ratzinger suprimió (muy convenientemente) las dos primeras palabras de la profecía de la Santísima Virgen: Por fin. Esta ostensiva y deliberada censura hecha a la Madre de Dios se hacía necesaria para la “interpretación” revisionista del Cardenal Ratzinger según las palabras dictadas por Sodano: es decir, que Fátima pertenece al pasado.

       Así, «Por fin, Mi Corazón Inmaculado triunfará», después de la oportuna supresión de las dos primeras palabras, hay que entenderlo de la siguiente forma: «Hace 2000 años Mi Corazón Inmaculado triunfó.” La profecía de Nuestra Señora de lo que sucederá por fin fue flagrantemente falsificada, como siendo un reconocimiento de lo que ya ha sucedido hace 20 siglos, al comienzo de la Historia del Cristianismo. Cuatro acontecimientos futuros — el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, la Consagración de Rusia, la Conversión de Rusia y el período de Paz en el Mundo que resultará de todo eso — son artificiosamente transformados en un único acontecimiento ¡de hace 2000 años!

       Esta manipulación de un mensaje que el mismo Dios enviara a la Tierra por medio de Su Santa Madre deve impulsar a los fieles a ponerse en pie, exigiendo justicia en el nombre del Cielo. Pero la masacre del Mensaje de Fátima perpetrada por el Cardenal Ratzinger no termina ahí; hace cosa mucho peor. Con relación al llamamiento de Nuestra Señora para establecer en todo el Mundo la devoción a su Corazón Inmaculado, como “Dios quiere”, el Cardenal Ratzinger ofreció esta insultante explicación:

       El «corazón inmaculado» es, según Mt 5,8, un corazón que a partir de Dios ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por lo tanto, «ve a Dios». La «devoción» al Corazón Inmaculado de María, es, pues, un acercarse a esta actitud del corazón, en la cual el «fiat» — hágase tu voluntad — se convierte en el centro animador de toda la existencia.

       Obsérvense, ante todo, las comillas que el Cardenal Ratzinger coloca en devoción y corazón inmaculado, ésta sin las mayúsculas — lo cual es un indicio seguro de que estas palabras van a  adquirir un nuevo significado.

       Así, «Dios quiere establecer en el Mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado» debe ser interpretado ahora como «Dios quiere que todos hagan Su voluntad»; por eso, todo aquél cuyo corazón está abierto a la voluntad de Dios consigue su propio “corazón inmaculado”. Así, la devoción al Corazón Inmaculado de María pasa a significar la apertura del corazón de cada uno a Dios — y no que se propague la Devoción a Su Corazón, con el propósito de hacer que el Mundo (especialmente Rusia) sea católico. “Inmaculado” (con I mayúscula) se cambia para “inmaculado” (con i minúscula). SuCorazón, por lo menos potencialmente, se cambia para “corazón de todos”. Como diría un prestidigitador: “¡Abracadabra! ¡Transformado!”

       Evidentemente, sólo hay una palabra para describir el rebajamiento del único Corazón Inmaculado — concebido sin pecado original y exento de faltas personales de cualquier especie — al nivel de cualquier persona que se arrepiente de sus pecados y alcanza la unidad interior con Dios. Esa palabra es blasfemia. En el capítulo siguiente se hablará más sobre este ultraje específico.

       Por otro lado, la eliminación de la conversión de Rusia fue algo más difícil de realizar. No hay mucho que decir cuando se trata de tornar ambigua la clarísima declaración de la Madre de Dios, de que «el Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá.» Pero, según hemos demostrado, la Alta Jerarquía del Vaticano ya no acepta la conversión de Rusia. La solución de este problema estaba simplemente en evitar cualquier discusión sobre esto en EMF, a pesar de haber citado las palabras de Nuestra Señora sin ningún comentario. ¿La conversión de Rusia? ¿De qué conversión se está hablando?

       Pero el supremo insulto fue la citación, transcrita por el Cardenal Ratzinger en EMF, de una única “autoridad” sobre Fátima: el teólogo flamenco Edouard Dhanis, S.J., considerado por Ratzinger un «eminente conocedor» de Fátima. Evidentemente, el Cardenal Ratzinger sabe muy bien que Dhanis, jesuita modernista, debe su celebridad a haber puesto en duda las apariciones de Fátima. Dhanis había sugerido que en el Secreto de Fátima, excepto un llamamiento a la oración y a la penitencia, todo lo demás fue entremezclado en la imaginación de los tres pastorcitos, con base en cosas que habían visto u oído anteriormente. Por consiguiente, Dhanis clasificó como “Fátima II” todo aquello que el «eminente conocedor» recusó, por entender que eran invenciones — sin que ni una sola vez hubiese entrevistado a la Hermana Lucía ni consultado los archivos oficiales de Fátima.

       Como declaró Dhanis: «Teniendo todo esto en cuenta, no es muy fácil determinar exactamente cuál el grado de credibilidad que se debe atribuir a los relatos de la Hermana Lucía. Sin poner en duda su sinceridad ni la sólida capacidad de discernimiento que muestra en sus quehaceres cotidianos, me parece conveniente utilizar sus escritos con cierta reserva. (…) Debemos tener presente que una persona buena puede ser sincera y demostrar sensatez en sus quehaceres cotidianos, y, a pesar de ello, puede mostrar una propensión a invenciones inconscientes sobre determinados aspectos, o en todo caso una tendencia a contar viejas reminiscencias de veinte años antes con floreos y alteraciones significativas.»31

       Dhanis, que recusó examinar los archivos oficiales de Fátima, manifestó dudas sobre cada aspecto del Mensaje de Fátima que no estuviese en consonancia con sus inclinaciones neomodernistas: la oración enseñada por el Ángel la consideró “inexacta”; la visión del Infierno, una “hiperbólica representación medieval”; la profecía de “una noche alumbrada por una luz desconocida”, anunciando la inminencia de la II Guerra Mundial, la describió como “motivo de sospechas”. Y en lo que se refiere a la consagración de Rusia, Dhanis declaró terminantemente que “Rusia no podría ser consagrada por el Papa sin que tal acto tuviese un aire de provocación, no sólo con relación a la jerarquía separada, sino también con relación a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Eso impediría en la práctica la consagración...» Por lo tanto, Dhanis declaró que la Consagración de Rusia era «moralmente imposible debido a las reacciones que, con toda certeza, iría a provocar.»32

       La deconstrucción que hizo Dhanis del Mensaje de Fátima es un ejemplo típico de cómo socavan las verdades católicas los modernistas, a partir de premisas inventadas por ellos mismos. Así, si la Consagración de Rusia es moralmente imposible (premisa inventada), ¿cómo podría haberla pedido Nuestra Señora de Fátima? Después de haber barajado los naipes contra la Hermana Lucía, Dhanis llega a la “inevitable” conclusión: «¿Cómo se puede admitir que la Santísima Virgen hubiera pedido una consagración que, llevada al pie de la letra, sería prácticamente irrealizable? (…) De hecho, tal pregunta parece exigir una respuesta negativa. (…) Por lo tanto, parece muy poco probable que Nuestra Señora hubiera pedido la consagración de Rusia. (…)» Con base exclusivamente en la premisa inventada por Dhanis, se clasifica como fraude la atestación de la Hermana Lucía.

       Es precisamente ésa la línea adoptada por el Cardenal Sodano y por la institución del Vaticano: la Madre de Dios difícilmente podría haber pedido algo diplomáticamente tan comprometedor como una consagración pública de Rusia; por lo tanto, debemos eliminar, de una vez por todas, esta complicada cuestión. Es esta línea — la Línea del Partido — la que aprobó el Cardenal Ratzinger en su “comentario”, al elogiar a Dhanis como “un eminente conocedor” de Fátima. Manteniendo la Línea del Partido, el Cardenal Ratzinger afirma que el Tercer Secreto en especial «recuerda imágenes que Lucía puede haber visto en libros de piedad y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe.» En otras palabras: ¿Quién puede afirmar con seguridad cuáles son las partes auténticas del Tercer Secreto y cuáles son simples reminiscencias o “intuiciones”? Y si esto fuese válido para el Tercer Secreto, valdría también para lo restante del Mensaje de Fátima.

       La maliciosa tentativa del Cardenal Ratzinger de enflaquecer insidiosamente la credibilidad de la Hermana Lucía, al mismo tiempo que declaraba tener mucho respeto por el Mensaje de Fátima, volverá a ser tratada en el capítulo siguiente. Basta decir por ahora que la evidente concordancia entre el Cardenal Ratzinger y Dhanis — de que ni todos los elementos específicamente proféticos del Mensaje son confiables — tiene el mérito de desacreditarlo para la elaboración de cualquier “interpretación” del Tercer Secreto, o de cualquier otra parte del Mensaje de Fátima. Pura y simplemente, el Cardenal Ratzinger no se cree que la Madre de Dios haya pedido la Consagración de Rusia, ni la Conversión de Rusia a la Fe católica, ni el Triunfo del Corazón Inmaculado de María, ni la instauración en el Mundo entero de la devoción genuinamente católica al único Corazón Inmaculado. Por consiguiente, el Cardenal tenía la obligación de revelar su escepticismo y de abstenerse en ese asunto, en lugar de pretender dar una “interpretación” que, en realidad, constituye una tentativa de desprestigiar y desacreditar aquello que pretende “interpretar”.

       ¿Qué es lo que restó del Mensaje de Fátima después que el Cardenal Ratzinger y Mons. Bertone acabaron con ella en 26 de junio de 2000? Sobre esto tanto el Cardenal Ratzinger como Mons. Bertone y el P. Dhanis están de acuerdo: «Lo que queda de válido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras reflexiones sobre el texto del “secreto”: la exhortación a la oración como camino para la “salvación de las almas” y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión.» A partir del 26 de junio de 2000, el Mensaje de Fátima se convirtió en una “Fátima light”: una receta diluida para la devoción personal, sin ninguna importancia específica para el futuro.

       ¿Es decir que fue por eso por lo que bajó la Madre de Dios a la Tierra y por lo que se realizó el Milagro del Sol? Es interesante observar que aun en la presentación de esta versión minimalista del Mensaje, el Cardenal Ratzinger no podría hablar de la salvación de las almas sin equiparar aquellas palabras con las mismas comillas embarazosas que utilizó en su comentario, para evitar las palabras devoción, triunfo e inmaculado. Es como si esa “Fátima diluida” no fuese lo suficientemente diluida en su contenido católico para el paladar ecuménico del Clero moderno.

       Con relación a la profética advertencia de Nuestra Señora, de que «varias naciones serán aniquiladas» si no se llegase a realizar la Consagración de Rusia, aparentemente ellos se piensan que nos vamos a olvidar de eso. No habrá ninguna aniquilación de naciones, «Fátima parece ya pertenecer al pasado.» El Cardenal Sodano así lo dice y el Cardenal Ratzinger lo acepta.

La Línea del Partido
sobre la Consagración de Rusia

       Ya hemos mencionado la participación del Arzobispo Bertone en EMF. Sus principales contribuciones a la farsa fueron dos:

       Primero, Bertone emitió una “orden” (que, por supuesto, no tiene el poder de obligar a nadie a aceptarla) para que los Fieles dejen de pedir por la Consagración de Rusia: «Por tanto, toda discusión, así como cualquier otra petición ulterior, carecen de fundamento.»

       En apoyo a tal afirmación, Bertone citó un único documento como prueba: la “carta del 8 de noviembre de 1989”, manifiestamente falsa, de “la Hermana Lucía” al Sr. Noelker — aquella carta que ya hemos comentado, en que “la Hermana Lucía” escribe acerca de una consagración del Mundo celebrada por el Papa Pablo VI en Fátima, cosa que ella nunca pudo haber presenciado porque nunca sucedió. Es muy significativo el hecho de que Bertone no hubiese identificado al destinatario de la carta. Como tampoco exhibe una copia de dicha carta para examen — por temor de que alguien pudiese descubrir el error palmar de la inexistente “consagración del Mundo” por Pablo VI. Es más: EMF no contiene absolutamente ninguna declaración específica de la Hermana Lucía acerca de la Consagración, a pesar de que hacía sólo dos meses el propio Bertone la hubiera entrevistado sobre el Tercer Secreto, y a pesar de que ella, sin mayores contratiempos, podía ponerse a disposición del Cardenal Ratzinger y de toda la jerarquía del Vaticano, durante la ceremonia de la Beatificación de mayo.

       No es de sorprender. La versión que aparece en EMF sobre la “consagración de Rusia” — es decir, la versión del Cardenal Sodano — contradice rotundamente toda una vida de declaraciones de la Hermana Lucía en sentido opuesto. Veamos algunos ejemplos.

       Hace más de 55 años, en 15 de julio de 1946, el ilustre escritor e historiador William Thomas Walsh entrevistó a la Hermana Lucía, conforme relata en su importante obra Our Lady of Fatima, de la que se vendieron más de un millón de ejemplares. En esa entrevista, que aparece al final del libro, el Sr. Walsh le preguntó acerca de aspectos específicos relativos al procedimiento adecuado para la Consagración Colegiada:

       Llegamos por fin al importante tema del segundo secreto de julio, del que se han publicado muchas versiones diferentes y contradictorias. Lucía dejó muy claro que Nuestra Señora no pidió la consagración del Mundo a Su Corazón Inmaculado. Lo que Ella pidió específicamente fue la consagración de Rusia. Ella, por supuesto, no comentó la consagración del Mundo no de Rusia, al Corazón Inmaculado, celebrada en 1942 por el Papa Pío XII. Sin embargo, más de una vez y de modo muy enfático dijo: «Lo que quiere Nuestra Señora es que el Papa y todos los Obispos del Mundo consagren a Rusia a su Corazón Inmaculado en un día especial. Si esto se realiza, Ella convertirá a Rusia y habrá paz. Si no se realiza, se propagarán los errores de Rusia por todos los países del Mundo.»33

       La Hermana Lucía es clara y precisa. La consagración colegiada pedida por el Cielo es la Consagración de Rusia, no la del Mundo, y tiene que celebrarla el Papa en unión con los Obispos del Mundo en un mismo día.

       Hay, además, la poco conocida revelación de Nuestra Señora a la Hermana Lucía en el inicio de la década de 1950, relatada en Il Pellegrinaggio delle Meraviglie, publicado con el patrocinio del episcopado italiano. La Santísima Virgen María se le apareció a la Hermana Lucía en mayo de 1952 y le dijo: «Hágale saber al Santo Padre que continúo aguardando la Consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado. Sin la Consagración, Rusia no se podrá convertir ni habrá paz en el Mundo.»34

       Por consiguiente, diez años después de la Consagración del Mundo por el Papa Pío XII en 1942, tenemos el relato de que Nuestra Señora le recuerda a la Hermana Lucía que Rusia no se convertirá ni habrá paz, a menos que sea consagrada nominalmente.

       Treinta años después, en 1982, las afirmaciones de la Hermana Lucía continúan en pie. En 12 de mayo de 1982, víspera de la supuesta consagración de 1982, el periódico oficial del Vaticano L’Osservatore Romano publicó una entrevista que la Hermana Lucía concedió al Sacerdote salesiano, Padre Umberto Maria Pasquale, durante la cual ella le dice que Nuestra Señora nunca había pedido la Consagración del Mundo, sino solamente la Consagración de Rusia:

       En cierto momento, le dijo: «Hermana: me gustaría hacerle una pregunta. Si no puede responderla, ¡paciencia! Pero, si puede, le quedaría muy agradecido que me aclarase un detalle que tampoco le parece claro a mucha gente… ¿Alguna vez le habló Nuestra Señora de la consagración del Mundo a Su Corazón Inmaculado?»
       «¡No, Padre Umberto! ¡Jamás! En la Cova da Iria, en 1917, Nuestra Señora prometió: “Vendré a pedir la Consagración de Rusia …”  En 1929, en Tui, Nuestra Señora volvió, como lo había prometido,  para decirme que había llegado el momento de pedirle al Santo Padre por la Consagración de aquel país [Rusia] (...)»

       En una carta manuscrita al Padre Umberto, que él también dio a conocer, la Hermana Lucía confirmó esa declaración. (Ver abajo la reproducción fotográfica.) He aquí la traducción de dicha carta:

        Rev.do Señor Padre Umberto: En respuesta a su pregunta, aclaro: Nuestra Señora, en Fátima, en Su petición, sólo se refirió a la consagración de Rusia. — Coimbra, 13 IV –1980[Firmado] Hermana Lucía 

 

       Una vez más, el 19 de marzo de 1983, por solicitación del Santo Padre, la Hermana Lucía se encontró con el Nuncio Apostólico, Arzobispo Portalupi, con el Dr. Lacerda, y con el P. Messias Coelho. Durante este encuentro, la Hermana Lucía confirmó que la Consagración del Papa Juan Pablo II en 1982 no cumplió las peticiones de Nuestra Señora. Dijo ella:

       En la ofrenda del 13 de mayo de 1982, no apareció Rusia como siendo el objeto de la Consagración. Y ningún obispo organizó en su respectiva diócesis una ceremonia pública y solemne de Reparación y Consagración de Rusia. El Papa Juan Pablo II se limitó a renovar la Consagración del Mundo celebrada por Pío XII en 31 de octubre de 1942. Como consecuencia de tal consagración, podemos esperar algunos beneficios, pero no la conversión de Rusia.35

       Y concluyó: «La Consagración de Rusia no se ha realizado de la manera como pidió Nuestra Señora. Yo no podía decir esto porque no tenía autorización de la Santa Sede.»36

       Un año después, en 25 de marzo de 1984, el Papa Juan Pablo II celebró una ceremonia de ofrenda, en la que volvió a consagrar “el Mundo”, no Rusia. Tal como sucedió en 1982, «ningún Obispo organizó en su respectiva diócesis una ceremonia pública y solemne de Reparación y Consagración de Rusia.» Sobre esta ceremonia escribe Frère François: «En los meses subsiguientes a la ofrenda de 25 de marzo de 1984, que en realidad se limitó a una renovación de la ceremonia de 1982, los principales eruditos de Fátima concordaron en afirmar que la Consagración de Rusia aún no había sido realizada de la manera que el Cielo deseaba.»37

       Fue también ésa la convicción del P. António Maria Martins39 y la del P. Messias Coelho, quien, en la víspera del 25 de marzo de 1984, escribió en Mensagem de Fátima, de la cual es director: «Consagración de Rusia: Todavía no se celebrará de esta vez.» Y añadió: «Es verdad que lo más grande contiene lo más pequeño. De ahí que la “Consagración del Mundo”, aparentemente, dará tal vez la impresión de poder sustituir la Consagración específica de Rusia. Sin embargo, el problema no se puede resolver en términos de lógica y ni siquiera a la luz de la Teología Sistemática.»39

       Esos teólogos basaron sus afirmaciones no sólo en la simple observación de que una consagración de Rusia necesita mencionar la palabra “Rusia”, sino también en las afirmaciones de la propia Hermana Lucía.

       El jueves, 22 de marzo de 1984, dos días antes de la ofrenda, el Carmelo de Coimbra conmemoró el 77º cumpleaños de la Hermana Lucía. Como de costumbre, en ese día recibió a su vieja amiga, la Sra. Eugénia Pestana. Después de haber saludado a su amiga carmelita, la Sra. Pestana le preguntó: «Y entonces, Lucía, ¿será el domingo la Consagración?» La Hermana Lucía, que ya había recibido y leído el texto de la fórmula de la Consagración papal, hizo un gesto negativo y dijo: «Aquella consagración no puede tener un carácter decisivo.»40

       El “carácter decisivo”, es decir, la señal de la propia consagración, es la milagrosa conversión de Rusia. Si bien que la nueva “orientación ecuménica” de la Iglesia haya confundido el punto en cuestión, la conversión de Rusia implica conversión al Catolicismo. No se trata simplemente de sentido común, sino que también se halla en las afirmaciones del P. Joaquín Alonso, probablemente el mayor especialista en Fátima hasta hoy. El P. Alonso, que se encontró con frecuencia con la Hermana Lucía, escribió en 1976:

       … podríamos decir que Lucía ha pensado siempre que la “conversión” de Rusia no se entiende sólo de un retorno de los pueblos de Rusia a la religión cristiano — ortodoxa, rechazando el ateísmo marxista y ateo de los soviets, sino que se refiere pura y llanamente, a la conversión total e integral, de un retorno a la única y verdadera Iglesia, la católica romana.41

       En una entrevista de 1985 publicada en Sol de Fátima, le preguntaron a la Hermana Lucía si el Papa había cumplido la petición de Nuestra Señora al consagrar el Mundo en 1984. Ella respondió: «No participaron todos los Obispos, ni se mencionó a Rusia.» Enseguida le preguntaron: «¿Eso significa que no se realizó la consagración de la manera como había pedido Nuestra Señora?», a lo cual contestó: «No. Muchos Obispos no le dieron ninguna importancia a ese acto.»42

       Hasta el P. René Laurentin, compañero de los progresistas, admitió en 1986 que «la Hermana Lucía no se quedó satisfecha43 … Parece que Lucía piensa que “no se ha hecho” la Consagración del modo como hubiera deseado Nuestra Señora.44

       Posteriormente, en 20 de julio de 1987, la Hermana Lucía hizo una rápida entrevista fuera del convento, cuando fue a votar. En esa ocasión le dijo al periodista Enrique Romero que la Consagración de Rusia no se había celebrado como se pidiera.45  

       Podrían citarse otras declaraciones de la Hermana Lucía, de que la consagración de 1984 no cumplió los requisitos del Cielo46, pero ya se puede concluir que Mons. Bertone y el Cardenal Ratzinger, en consonancia con la Línea del Partido de Sodano, “apostaron todas las fichas” en una única carta, manifiestamente falsa, a fin de suplantar más de 50 años de declaraciones inalteradas de la Hermana Lucía sobre las peticiones del Cielo acerca de una legítima consagración de Rusia. No se atrevieron a preguntarle directamente a la Hermana Lucía sobre el asunto — y, cuando lo hicieron, ella no les ofreció respuestas que se pudiesen interpretar como su concordancia con la Línea del Partido.47

La Línea del Partido
con relación a Fátima y la Paz mundial

       Los comentarios anteriores nos llevan a la segunda parte de la farsa montada por Mons. Bertone. Esa segunda parte consta de la siguiente declaración:

       La decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del «secreto» de Fátima cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta premura de la Madre de Jesús y de la Iglesia.

       Es difícil encontrar las palabras adecuadas para expresar el ultraje de esta absurda afirmación. Con ella, la Línea del Partido de Sodano sugiere temerariamente que una época entera de la voluntad humana de poder y de iniquidad ha llegado a su fin gracias a la “revelación” de la confusa visión del «Obispo Vestido de Blanco». Si así fuese, ¿por qué el Vaticano habría esperado 40 años para proporcionar la Paz mundial, cuando, en la opinión de Mons. Bertone, todo lo que había que hacer en 1960 era convocar una conferencia de prensa para divulgar esa visión?

       Obviamente, el Cardenal Sodano reconoció que tendría que ofrecerle a los fieles algún tipo de falsificación en lugar del triunfo del Corazón Inmaculado, que no se consiguió obtener después de la “consagración de Rusia” en 1984. Así, pues, la conferencia de prensa del 26 de junio de 2000 fue presentada como siendo…  ¡la gran culminación del Mensaje de Fátima!

       Pero, de cualquier modo, tanto Mons. Bertone como el Cardenal Ratzinger se las arreglaron para no llevar en consideración las claras implicaciones derivadas de la carta de la Hermana Lucía en 12 de mayo de 1982 dirigida al Papa, que ellos mismos habían reproducido parcialmente en EMF:

       Y, aunque no constatamos aún la consumación completa del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos hacia ella a grandes pasos.48 Si no renunciamos al camino del pecado, del odio, de la venganza, de la injusticia violando los derechos de la persona humana, de inmoralidad y de violencia, etc. Y no digamos que de este modo es Dios que nos castiga; al contrario, son los hombres que por sí mismos se preparan el castigo.

       En esa carta de 1982 no consta absolutamente ninguna referencia a la tentativa de asesinato de 1981; ni mucho menos considera dicha tentativa como una especie de cumplimiento del Tercer Secreto. Indudablemente, un año después del atentado, la Hermana Lucía se mostró muy preocupada de un castigo global, debido al fracaso de la Iglesia al no atender las exigencias del Mensaje de Fátima. Ella, sin duda, no le escribió al Papa para hablar del triunfo del Corazón Inmaculado, sino para tratar de la aniquilación de las naciones.

       Es muy curioso también que esa misma carta de la Hermana Lucía (enviada al Papa Juan Pablo II, conforme nos informan Ratzinger y Bertone) contiene la siguiente frase: «La tercera parte del Secreto, que tanto ansiáis por conocer (que tanto ansiais por conhecer)...». ¿Por qué el Papa “ansiaría tanto por conocer” la tercera parte del Secreto, si ya tenía el texto en los archivos del Vaticano desde 1957? ¿Por qué Su Santidad “ansiaría tanto por conocer” aquello que ya había leído en 1981 (según declaran Bertone/Ratzinger), o aun antes, en 1978, conforme declaró a la prensa portuguesa el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro — Valls?

       Es muy sospechoso que, en las diversas versiones en lenguas diferentes del Comentario de Ratzinger/Bertone, se hubiese suprimido la frase “que tanto ansiáis por conocer”, que consta en todas las traducciones que hizo el Vaticano a partir del original en portugués de aquella carta. Hasta en la versión portuguesa de EMF se omite esa frase, “que tanto ansiáis por conocer”, que se puede leer en la reproducción tipográfica portuguesa de la carta original. Sin duda, la burocracia del Vaticano quiso evitar una tempestad de preguntas sobre cómo podría el Papa estar ansioso por conocer algo que ya conocía. Pero cuando los reporteros pudieron cotejar sus versiones con la carta original en portugués, la conferencia de prensa ya había terminado y ya no se podían hacer más preguntas.

       Son dos las conclusiones posibles: O la carta no era realmente dirigida al Papa o, si no, había en el Secreto algo más, que el Santo Padre desconocía hasta aquella fecha, 12 de mayo de 1982. Como dice el célebre aforismo de Sir Walter Scott: «¡Oh, qué enmarañada tela tejemos cuando comenzamos por una mentira!»49 La primera mentira — o sea, que Fátima es cosa del pasado — lleva a una tela enmarañada de otras mentiras destinadas a encubrir la primera.

Apuntando contra el P. Gruner

       Pero en esta campaña para sepultar a Fátima en el pasado, había que hacer algo más. ¿Cómo se podría tratar el caso del “Sacerdote de Fátima”, cuyas publicaciones y programas televisivos y radiofónicos de carácter apostólico martilleaban persistentemente y con extrema contundencia la tesis de que el aparato de Estado del Vaticano, en consonancia con su nueva visión de la Iglesia, le había dado la espalda a las peticiones de la Santísima Virgen? Al término de la conferencia de prensa del 26 de junio de 2000, el Cardenal Ratzinger se desvió del tema principal para mencionar nominalmente al P. Nicholas Gruner, insistiendo que tiene que «someterse al Magisterio de la Iglesia» en la cuestión de la Consagración de Rusia, la cual por aquel entonces ya se había llevado a cabo, ‘de acuerdo con la Línea del Partido’. Pero el Magisterio de la Iglesia — el oficio docente autoritario de la Iglesia — no enseñaba absolutamente nada sobre esto. Lo que sí había era únicamente la interpretación de Sodano sobre Fátima y la “tentativa” de EMF, sin que su aceptación fuese obligatoria, para invalidar por medio de explicaciones todo el contenido específicamente profético del Mensaje de Fátima50 (manteniendo solamente la oración y la penitencia).

       Aumentando la persecución, pocos días antes de la conferencia de prensa del 26 de junio la Congregación del Vaticano para el Clero había enviado al P. Gruner una carta con la espantosa amenaza de que sería excomulgado de la Iglesia Católica. Después de esa carta se expidió un comunicado a los Obispos de Filipinas (en donde el apostolado del P. Gruner contaba con firme apoyo), avisándoles que sería excomulgado, a menos que, entre otras exigencias, «se reconciliase con la autoridad eclesiástica», es decir, que volviese a la diócesis de Avellino, que diese por terminado su apostolado y que acatase la Línea del Partido sobre Fátima. Por su parte, el Obispo de Avellino nunca había mostrado necesidad de los servicios del P. Gruner, nunca le proporcionó ayuda financiera desde 1978, ni tampoco hizo cualquier gestión para garantizarle un adecuado visado de inmigración para poder “regresar” a Avellino. El Obispo de Avellino no era sino un mero peón en el ajedrez del Secretario de Estado. (En los próximos capítulos tendremos más que decir sobre esta farsa).

       Al terminar la conferencia de prensa del 26 de junio, el Cardenal Ratzinger, en sus declaraciones sobre el P. Gruner, llegó a comentar que éste sufría de angoscia — palabra italiana que significa “congoja” del ánimo. El Cardenal, por supuesto, estaba al par de la amenaza de excomunión, que, evidentemente provocaría angoscia en cualquier sacerdote fiel que amase a la Iglesia. Pero el aprieto en que se hallaba el P. Gruner no era sino un ejemplo emblemático de los que envolvían a la Iglesia como un todo, en la era posconciliar: un sacerdote, que no había cometido ninguna ofensa contra la Fe y la Moral, es personalmente amenazado con la excomunión por el propio dirigente de la Congregación para el Clero, al mismo tiempo que en toda la Iglesia malhechores con alzacuello católico molestan a los monaguillos o difunden herejías mientras los obispos los transfieren de un lugar para otro o esconden sus actividades e impiden que sean castigados. Y la Congregación para el Clero no hace nada.

       ¿Cómo se explica esta ultrajante injusticia? Teniendo por base todo lo que hemos mostrado hasta aquí, nos parece que sólo existe una explicación razonable: En la Iglesia Católica de la Adaptación posconciliar, la única ofensa imperdonable — tal como en la Rusia estalinista — es oponerse a la Línea del Partido. Y el P. Gruner se opuso a la Línea del Partido en el tema referente a Fátima.

Gorbachov admite que continúa siendo leninista. Además, usando para tanto el “Forum del Estado del Mundo”, promueve constantemente el aborto, el control de la población y los principios leninistas. En la conferencia de prensa en el Vaticano, de 27 de junio de 2000, durante el lanzamiento de las Memorias del Cardenal Casaroli, fue invitado por el Cardenal Sodano a sentarse a su lado. En ese libro, Casaroli defiende la política del Vaticano conocida por Östpolitik, la cual se rehúsa a denunciar los errores del Comunismo y del Ateísmo de Estado. En la foto arriba aparece Gorbachov, cuando fue invitado a comparecer al Vaticano, en noviembre de 2000, discursando ante el Papa, varios miembros de la Curia Pontificia y políticos, en aquello que se denominó el “Jubileo de los Políticos”.

 

Sale Nuestra Señora, entra Gorbachov

       Hemos dicho que este escarnio, esta ocultación del Mensaje de Fátima — la Línea del Partido sobre Fátima — pretendía enterrarlo definitivamente, y con eso el Cardenal Sodano podría avanzar en su propósito de imponerle una nueva orientación a la Iglesia. Ofrecemos aquí un ejemplo particularmente convincente de lo que queremos decir:

       Después de la “sutil demolición” de Fátima (para citar Los Angeles Times) llevada a cabo por el Cardenal Ratzinger y Mons. Bertone en 26 de junio, el aparato estatal del Vaticano, liderada por el Cardenal Sodano, se dedicó a aquello que juzgaba ser asuntos importantes de la Iglesia. Al día siguiente, durante una “conferencia de prensa” en el Vaticano, Mijaíl Gorbachov se sentó como invitado de honor entre los Cardenales Sodano y Silvestrini. ¿Cuál era el objetivo de esa conferencia? Se convocó para conmemorar uno de los elementos clave en la nueva orientación de la Iglesia: la Östpolitik, la política del “diálogo” y de conciliación con los regímenes comunistas (incluso con la China Roja) que persiguen a la Iglesia. El motivo inmediato de la convocación de la conferencia fue la publicación póstuma de las memorias del Cardenal Casaroli, el gran arquitecto de la Ostpolitik y predecesor del Cardenal Sodano en mantener la observancia de la Línea del Partido, del Secretario de Estado.51

       Siguiendo la típica moda estalinista, en esa curiosa “conferencia de prensa” ¡no se le permitió a la prensa hacer preguntas! Obviamente, el Vaticano quería asegurarse de que nadie cuestionase la Línea del Partido al hacer alguna pregunta sobre Fátima, o al preguntar por qué el Vaticano estaba homenajeando a alguien como Mijaíl Gorbachov, un hombre que todavía se consideraba leninista, y cuyas fundaciones libres de impuestos defienden la práctica del aborto y de la anticoncepción para descartar de la población mundial a cuatro mil millones de seres humanos.52 Eso para no hablar de la defensa pública de la invasión soviética de Afganistán que hizo ese individuo sanguinario, cuando aún estaba al frente del Partido Comunista Soviético — una campaña de genocidio que incluía la utilización de explosivos en forma de juguetes, por lo que muchos niños afganos tuvieron arrancados sus miembros y la cabeza.53

       ¿Podría haber una demostración más dramática de la oposición fundamental entre la Iglesia de todos los tiempos y la de la Adaptación? El día 26 de junio de 2000 se expulsó a Nuestra Señora de Fátima, Su celestial Mensaje fue descaradamente censurado y revisado por hombres que deseaban relegarlo al olvido. Al día siguiente, Mijaíl Gorbachov llegó al Vaticano para conmemorar la nueva orientación de la Iglesia, implementada por el finado Cardenal Casaroli y por su sucesor, el Cardenal Sodano.

       Gorbachov, paladino de la cultura de la muerte, fue nuevamente homenajeado por el Vaticano el día 4 de noviembre de 2000, cuando dirigió una alocución al Papa y a otros prelados en el “Jubileo de los Políticos” — una cena de gala para cerca de 5.000 gobernantes de las repúblicas seglares y ateas de todo el Mundo. Los fotógrafos captaron la imagen del Papa escuchando con mucha atención el discurso de ese gran promotor del holocausto que es el aborto.54 Esta absurda combinación, un Jubileo — tradición espiritual de la Iglesia, derivada de una usanza registrada en el Antiguo Testamento — y discursos sobre temas laicos, proferidos por políticos favorables al aborto, es muy característica de la nueva orientación, la cual procura fundir la Iglesia y el Mundo en la gran Adaptación del Catolicismo Romano a la “moderna civilización”.



Notas
  1. “The Moscow Patriarchate and Sergianism”, por Boris Talantov, in Russia’s Catacomb Saints, (St. Herman of Alaska Press, Platina, California, 1982), pp. 463-486.


  2. “The Moscow Patriarchate and Sergianism: An Essay by Boris Talantov”, encontrado en www.orthodoxinfo.com /resistance/cat_tal.htm


  3. Comentarios de 17 de enero de 1998 en la Conferencia de la Aid to Church in Russia, www/catholic.net/rcc/ Periodicals/Faith/1998-03-04/Russia.html. Reimpreso en The Catholic Dossier, Marzo/Abril de 1998, p. 4.


  4. L’Osservatore Romano, 26-27 de marzo de 1984, pp. 1, 6.


  5. Avvenire, 27 de marzo de 1984, p. 11.


  6. Padre Fabrice Delestre, “Fatima: Why isn’t the Mother of God Being Obeyed as She Should Be?”,  Angelus, Junio de 2000, Vol. 23, nº 6. En traducción portuguesa:  Semper, Revista da Fraternidade Sacerdotal São Pio X, Nº 49, octubre de 2000, p. 18. Véase también Frère François de Marie des Anges, Fatima, Joie Intime Événement Mondial (Edición francesa, Contre-Réforme Catholique, Francia, 1991), pp. 363-364. Frère François de Marie des Anges, Fatima: Tragedy and Triumph, pp. 168-172.


  7. Las observaciones del P. Maurer aparecieron en una entrevista en Catholic World Report, Febrero de 2001. Una sinopsis y comentario sobre esta entrevista se publicaron en “The Myth of a Converted Russia Exposed”, por Marian  Horvat, Ph.D., Catholic Family News, marzo de 2001.


  8. Véase Mark Fellows, “This Present Darkness”, Part III, Catholic Family News, Octubre de 2000.


  9. Con respecto al alcohol en Rusia, la conclusión de los investigadores fue: «La tasa de consumo de alcohol en Rusia, tradicionalmente entre las más elevadas del mundo, y con expresivos aumentos en los años 90,  es uno de los factores principales que ha contribuido para la crisis de la sanidad del país (...) El alcoholismo ha alcanzado proporciones epidémicas, particularmente entre los varones (...) Un estudio ruso realizado en 1995 concluyó que entre 25% y 60% de los obreros se embriagaban regularmente (...) En 1994 unas 53.000 personas murieron de intoxicación por alcohol, un aumento de cerca de 36.000 desde 1991.» En los 10 años posteriores a la alegada conversión de Rusia, se observó también un gran incremento en el uso de drogas ilegales: «Se calcula que en 1995 unos 2 millones de rusos han utilizado narcóticos, más de veinte veces el total observado diez años antes en toda la Unión Soviética, y el número de drogadictos aumentó 50% al año, a mediados de la década de 90.» En Mark Fellows, “This Present Darkness”, Part II, Catholic Family News, septiembre de 2000.


  10. “Satanism on the Rise in Russia”, compilado por John Vennari. Véase www.fatima.org/news/newsviews/satanism2.asp


  11. “Russia Legalizes Homosexuality”, United Press International, 28 de mayo de 1993.  Reproducimos aquí el inicio del artículo: «Los activistas homosexuales de Rusia conmemoraron el viernes una gran victoria para los derechos de los homosexuales en la Rusia possoviética, con la anulación del artículo 121 del Código criminal soviético, que prohibía el sexo consensual entre hombres. “Esta es una gran noticia para los homosexuales y las lesbianas en Rusia”, dijo Vladislav Ortanov, editor de la revista homosexual moscovita Risk.» 


  12. “Activist Says Child Porn Prosecutions Will be Difficult in Indonesia, Russia”, Christine Brummitt, Associated Press, 9 de agosto de 2001. (Cursiva, nuestra)


  13. “Big Brotherski goes too far for staid  Russians”, Mark Franchetti, Sunday Times (Londres), 25 de noviembre de 2001.


  14. “New Visa System Seen  Choking Russia’s Catholic Parishes, Russia Reform Monitor, Nº 485, 28 de julio de 1998. Además, “Catholic Clergy in Siberia Face Growing Visa Difficulties”, Catholic World News, 19 de noviembre de 1997. 


  15. Sarah Karush, “Foreign Priests Spark Controversy”, Associated Press, 12 de febrero de 2002.


  16. Radio Free Europe Report, 20 de junio de 2001.


  17. Ibid. Véase también Catholic News Service, 17 de febrero de 2002.


  18. Fatima: Tragedy and Triumph, pp. 189-190.


  19. Para un correcto examen de la falsedad de esa carta al Sr. Noelker, véase Mark Fellows, “This Present Darkness”, Part II, Catholic Family News, septiembre de 2000.


  20. El principio que exige que se ejerza la autoridad en el nivel más bajo posible, para evitar la tiranía provocada por la excesiva centralización del Gobierno. Por ejemplo, el presupuesto de una ciudad lo debe establecer su respectiva Cámara Municipal, y no el Gobierno Central. 


  21. En la antigua estructura, antes de 1967, el Papa presidía la Curia Romana. En la nueva estructura, a partir de 1967, quien la preside es el Secretario de Estado. Invitamos al lector a que examine el Annuario Pontificio de antes y después de 1967, para comprobar las alteraciones en la estructura de la Curia Romana.  


  22. Un Sacerdote francés le exhibió el documento masónico al P. Kramer, Sacerdote norteamericano, y a otras personas.


  23. Paul Fisher, Their God is the Devil, (American Research Foundation, Washington, D.C., 1990), p. 40.


  24. Véase Francis Alban y Dr. Christopher A. Ferrara, Fatima Priest, Cuarta edición (Good Counsel Publications, Pound Ridge, New York, 2000). Capítulos 12, 14, 17-22 y Apéndices I y II.


  25. Con respecto a los pormenores de los “procedimientos” tortuosos y extensos utilizados para silenciar al P. Gruner, el lector puede consultar: Fatima Priest (Cuarta edición), A Law for One Man (ambos disponibles en inglés de The Fatima Center, 17000 State Route 30, Constable, New York 12926) o puede acceder a la página de Fátima en internet: www.fatima.org


  26. Sobre los detalles curiosos y confusos de los planes para la ceremonia de beatificación y asuntos correlatos, véase: Artículo en la página 12 del Correio da Manhã, de 14 de octubre de 1999 — Semanario Jornal de Leiria, de 14 de octubre de 1999, p. 24 — Semanario A Ordem, 21 de octubre de 1999, p. 1 — Semanario oficial del Patriarcado de Lisboa, Voz da Verdade, de 31 de octubre de 1999, página 6: «Beatificação dos pastorinhos definitivamente en Roma» — Semanario oficial del Patriarcado de Lisboa, Voz da Verdade, de 5 de diciembre de 1999: «Papa volta a Portugal, Fátima, cenário da beatificação»— Artículo en Euronotícias, de 24 de marzo de 2000, página 8: «Bispo de Leiria-Fátima», 21 de marzo, conferencia de prensa — Semanario Euronotícias, de 24 de marzo de 2000, página 8: «Crisis: El Obispo de Leiria-Fátima envuelve en misterio la visita del Papa, sin comunicárselo al Patriarca. ¿Divulgará el Papa el Tercer Secreto?» — Euronotícias, de 24 de marzo, artículo en la página 9 con el título «Análisis: Varias personas que han estudiado las Apariciones dicen que el Tercer Secreto puede referirse a la destrucción de la Fe. El Tercer Secreto se referiría a la crisis en el seno de la Iglesia».


  27. P. Herman Bernard Kramer, The Book of Destiny (editado por primera vez en 1955 y reeditado por TAN Books and Publishers, Inc., Rockford, Illinois, 1975), pp. 279 - 284


  28. Ibid.


  29. Ibid.


  30. Sobre este punto, volvemos a indicarle al lector los siguientes artículos publicados en el semanario Euronotícias: 24 de marzo de 2000, página 8: «Bispo de Leiria-Fátima», 21 de marzo, conferencia de prensa — 24 de marzo de 2000, página 8: «Crisis: El Obispo de Leiria-Fátima envuelve en misterio la visita del Papa, sin comunicárselo al Patriarca. ¿Divulgará el Papa el Tercer Secreto?» — De 24 de marzo, artículo en la página 9 con el título «Análisis: Varias personas que han estudiado las Apariciones dicen que el Tercer Secreto puede referirse a la destrucción de la Fe. El Tercer Secreto se referiría a la crisis en el seno de la Iglesia».


  31. El texto íntegro de la tesis de Dhanis contra Fátima es comentada y criticada en Frère Michel, The Whole Truth About Fatima – Volumen I, Parte II, Capítulo I. Todas las citas referentes a la falsa teoría de Dhanis provienen de esta fuente.


  32. Ibid


  33. William Thomas Walsh, Our Lady of Fatima, (Image-Doubleday, N. York, Imprimatur, 1947) p. 221. (Cursiva, nuestra)


  34. Il Pellegrinaggio delle Meraviglie, p. 440. Roma 1960. Esta misma obra, publicada con el auspicio del Episcopado italiano, afirma que se transmitió este mensaje al Papa Pío XII en junio. Además, Canónigo Barthas mencionó aquella aparición en su comunicado al Congreso Mariológico de Lisboa-Fátima, en 1967; véase De Primordiis Cultus Marianæ, Acta Congressus Mariologici-Mariana in Lusitania anno 1967 celebrati, p. 517. Roma, 1970. Véase también Fatima: Tragedy and Triumph, pp. 21 y 37. 


  35. Fatima: Tragedy and Triumph, p. 165.


  36. Inserido en un artículo del P. Caillon, del Centre Saint Jean, 61500 Sées (Orne), Francia. Dicho artículo se publicó en el periódico mensual Fidelité Catholique, B. P. 217, 56402 Auray Cedex, Francia. La traducción inglesa se publicó en The Fatima Crusader, nº. 13-14 (Octubre-Diciembre de 1983), p. 3.  


  37. Fatima: Tragedy and Triumph, p. 172.


  38. Véase, Fátima e o Coração de Maria, pp. 101-102.


  39. Fatima: Tragedy and Triumph, pp. 172-173. P. Messias Coelho, Mensagem de Fátima, nº 147, marzo de 1984, Mensagem de Fátima, num. de mayo de 1984.


  40. Ibid., pp. 167-168.


  41. La Verdad sobre el Secreto de Fátima – Fátima sin Mitos, del P. Joaquín Alonso, (2ª edición, Ejército Azul, Madrid, 1988), p. 78.


  42. Sol de Fátima,  septiembre de 1985.


  43. Chrétiens-Magazine, marzo de 1987, Nº 8. Cita extraída de Fátima: Tragedy and Triumph, p. 189.


  44. P. Laurentin, Multiplication des apparitions de la Vierge aujourd’hui, p. 45. Fayard, septiembre de 1988. Cita extraída de Fatima: Tragedy and Triumph, p.189.


  45. Esta declaración de la Hermana Lucía apareció en la edición del inicio de agosto de 1987, de la revista Para Ti, publicada en Argentina. Véase Esclavización del Mundo o Paz… La Decisión es del Papa, del P. Nicholas Gruner (Immaculate Heart Publications 1993), p. 200.


  46. Para otros testimonios véase el Capítulo VI de Fatima: Tragedy and Triumph.


  47. La mencionada entrevista del Arzobispo Bertone a la Hermana Lucía en 17 de noviembre de 2001 es extensamente discutida en el capítulo 14, “¡Oigamos al testigo, por el amor de Dios!”


  48. La traducción del Vaticano en español: “vemos que nos encaminamos poco a poco hacia ella a grandes pasos” es claramente deficiente. Las palabras “poco a poco” no aparecen en el original manuscrito portugués, publicado en la pág. 9 de EMF, y divulgado por el Vaticano mismo.


  49. “Marmion: A Tale of Flodden Field” canto 6, estrofa 17. Poema de Sir Walter Scott. 


  50. Con referencia a la interpretación dada por el Vaticano al Tercer Secreto, cumple observar que el propio Cardenal Ratzinger afirmó: «La Iglesia no desea imponer una interpretación.» Esta cita consta en “Final Secret of Fatima Published by Vatican” Boston Herald, 27 de junio de 2000; “Vatican’s Secret is Out”, The Express, 27 de junio de 2000; “Vatican Unease as it Reveals the Full Third Secret of Fatima”, Financial Times (Londres) 27 de junio de 2000; “Fatima ‘Snapshot of Martyr’s Past Century’”, The Irish Times, 27 de junio de 2000.


  51. Noticias sobre la conferencia de prensa del 27 de junio de 2000. “Gorbachev Helps Introduce Casaroli Memoirs”, Catholic World News, 27 de junio de 2000.


  52. En septiembre de 1995 Gorbachov realizó en San Francisco su “Fórum sobre el Estado del Mundo” Más de 4.000 personalidades de “elite” de todo el Mundo pagaron 5.000 dólares cada una para asistir a ese evento, que duró 5 días. En la sesión plenaria de clausura del Fórum, un autor/filósofo, que atiende por el nombre de Sam Keen, presentó un resumen y comentarios finales sobre la conferencia, los cuales revelan el ethos antivida y anticristiano del Fórum. Keen declaró a los participantes de la conferencia: «Hubo un consenso casi unánime acerca de la tesis de que las instituciones religiosas deben asumir la responsabilidad básica de la explosión demográfica. Debemos hablar mucho más claramente sobre la sexualidad, sobre la anticoncepción, sobre el aborto,  sobre los valores por que se rige la sociedad, ya que la crisis ecológica, en resumen, es la crisis demográfica. «Córtese el 90% de la población y  no habrá gente suficiente para provocar un gran estrago ecológico.» Véase “World’s elite gather to talk depopulation”, John Henry Western, The Interim, abril de 1996.


  53. Véase la entrevista con el funcionario afgano Abdul Shams en Review of the News, julio de 1985.


  54. Fotografía publicada en Catholic Family News, enero de 2001, p. 13.

 

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