Pag. PrincipalLa última batalla del diablo - Prefacio y Introducció

 

 

Capítulo 18

Petición al Sumo Pontífice

—con respecto a los actos de—


Cardenal Angelo Sodano, Cardenal Joseph Ratzinger,

Cardenal Darío Castrillón Hoyos y
Monseñor Tarcisio Bertone


Santísimo Padre:

     Como fieles miembros de la Santa Iglesia Católica, somos compelidos, por deber de conciencia, a someter esta Petición a Vuestra Santidad, Juez de última instancia en asuntos que se hallan bajo controversia en la Iglesia.

     Tal Petición es una iniciativa extraordinaria de católicos que carecen de un representante ante Vuestra Santidad y se hallan en medio de la crisis de Fe y de disciplina, sin precedentes, que surgió después del II Concilio Vaticano.

     Esta Petición constituye la práctica del derecho, que Dios nos ha concedido como católicos bautizados, de recurrir directamente al Sumo Pontífice, sin la intervención de ningún procedimiento canónico. (I Concilio Vaticano – a.D. 1870, Dz. 1830, D.S. 3063; II Concilio de Lion, a.D. 1274, Dz. 466; Código de Derecho Canónico, de 1983, can. 212, can. 1417 § 1)

     Los fundamentos de esta Petición se hallan enumerados en el ensayo La Ultima Batalla del Diablo. Ese documento ofrece pruebas irrefutables y acusaciones justificadas contra los Cardenales Angelo Sodano, Joseph Ratzinger y Darío Castrillón Hoyos, y contra Monseñor Tarcisio Bertone (“los acusados”), todos ellos integrantes del aparato estatal del Vaticano, cuyas atribuciones implican asistir a Vuestra Santidad en el justo y prudente gobierno de la Iglesia.

     Teniendo presentes las pruebas obtenidas, estamos convencidos de la certeza moral de los puntos que enumeramos a continuación:

     Primero: El Mensaje de Fátima es una profecía vital para nuestro tiempo, y su veracidad es incuestionable — por las circunstancias de su revelación, absolutamente extraordinarias (incluso por un milagro público presenciado por 70.000 personas), porque su autenticidad ha sido acreditada por las autoridades competentes de la Iglesia, por su aceptación e incorporación en la vida de la Iglesia, y por las propias declaraciones y acciones de Vuestra Santidad (entre otras, la institución en el calendario litúrgico de la Festividad de Nuestra Señora de Fátima, celebrada el 13 de mayo).

     Segundo: Los acusados (y sus numerosos colaboradores) se han asociado y han conspirado con el intento de imponerle a la Iglesia, mediante falseamiento, oscurantismo e innegable secretismo, una interpretación del Mensaje de Fátima, del cual se excluye por completo su contenido profético específicamente católico. En particular (y con la ayuda de un “comentario teológico” del Cardenal Ratzinger), los acusados han cometido una reprobable “interpretación” del Mensaje de Fátima, que:

  1. prescinde de la Consagración de Rusia, solicitada en Fátima por Nuestra Señora, y, arbitrariamente, la sustituye por la Consagración del Mundo, en la cual se ha omitido toda y cualquier referencia a Rusia, por motivos políticos de escaso valor;


  2. declara fraudulentamente que el Triunfo del Corazón Inmaculado, profetizado por la Virgen para suceder después de la Consagración de Rusia, significa tan solo el Fiat pronunciado por la Santísima Virgen hace 2.000 anos, cuando consintió en ser la Madre de Dios;


  3. se atreve a equiparar el Único e Inmaculado Corazón, el de María, al corazón de cualquier persona que forme parte de los “puros de corazón” (en el restrictivo sentido de las Bienaventuranzas) y, al mismo tiempo, reduce la devoción al Corazón Inmaculado de María (que Dios desea establecer en todo el Mundo, según las palabras de Nuestra Señora) a una simple busca de la “unión interior” con Dios;


  4. afirma, absurdamente, que la Visión del Tercer Secreto, al mostrar al Papa y a innumerables miembros de la Jerarquía en el momento de su ejecución por un pelotón de soldados en las afueras de una ciudad semidestruida, no es otra cosa sino que Vuestra Santidad logró escapar de la muerte por un sicario, hace unos 21 años;


  5. llega a la conclusión (con base en estas “interpretaciones”) de que los acontecimientos descritos en el Tercer Secreto — y, por consiguiente, todo el Mensaje de Fátima — «pertenecen al pasado».

     Tercero: El motivo de la actuación de los acusados fue renunciar al Mensaje de Fátima, con su contenido específicamente católico, para favorecer una nueva orientación de la Iglesia — mundana, liberal, ecuménica y pan-religiosa — que tanto ellos como sus numerosos colaboradores, promueven incesantemente en nombre del II Concilio Vaticano. Esta nueva orientación es consecuencia de la “demolición de los baluartes”, que tantos elogios ha merecido del Cardenal Ratzinger.

     Cuarto: Los acusados y sus colaboradores han impedido, de forma sistemática y con especial énfasis, que se incluyese en la nueva orientación la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, por considerarla una innecesaria“provocación” a la Iglesia Ortodoxa Rusa y una amenaza al recién creado “ecumenismo” y al “diálogo” — novedades absolutas que, a pesar de todo, no han producido buenos frutos, y que solamente han servido para perpetuar la oposición a la Iglesia, tanto en Rusia como en todos los demás países.

     Quinto: La nueva orientación representa una importantísima conquista, dentro del objetivo, abiertamente declarado, de los peores enemigos de la Iglesia, y, como tal, dio motivo a que diversos Papas y Prelados preconciliares denunciasen esa orientación. Tal objetivo es: liberalizar e “instrumentalizar” la Iglesia, de tal forma que no solamente desistiría de hacerle una eficiente oposición, sino que, además, se pondría al servicio del proceso de secularización universal y de la apostasía que ha destruido una parte considerable de la antigua Cristiandad, y que actualmente amenaza con subyugar el Mundo entero a un colectivo secular universal, dentro del cual la Iglesia no tendría ninguna autoridad ni influencia.

     Sexto: No es de sorprender que la “demolición de los baluartes”, elogiada por el Cardenal Ratzinger, sólo hubiese provocado confusión, pérdida de Fe y de disciplina, así como la destrucción de la unidad de la Iglesia — de que el actual escándalo sexual en todo el Mundo, implicando Sacerdotes y Obispos, constituye tan sólo una entre incontables manifestaciones. Como hasta el Papa Pablo VI se vio obligado a admitir poco después del Concilio: «Por alguna rendija, el humo de Satanás entró en el Templo de Dios. (…) La apertura al Mundo se transformó en una verdadera invasión de la Iglesia por el pensamiento mundano. Tal vez Nos hayamos sido demasiado flaco e imprudente.» Como todos pueden ver, aquella situación prevista por el Papa Pío XII a la luz de Fátima, es hoy una realidad.

     Séptimo: A fin de encubrir la complicidad del aparato estatal del Vaticano en el actual descalabro de la Iglesia, los acusados le han escamoteado fraudulentamente a la Iglesia y al Mundo un texto que es parte integrante del Tercer Secreto de Fátima. Es altamente probable que ese texto contenga las palabras omitidas en la declaración incompleta de la Santísima Virgen, que aparece en la Cuarta Memoria de la Hermana Lucía: «En Portugal, se conservará siempre el dogma de la Fe, etc.» — estamos convencidos de que esas palabras predicen la actual crisis en la Iglesia y proporcionan los medios de evitar la crisis, o acabarla. Como predijo él que vendría a ser Papa Pío XII, a la luz del Mensaje de Fátima:

     Me preocupan los mensajes de la Santísima Virgen a Lucía de Fátima. Esta persistencia de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es un aviso del Cielo contra el suicidio que significa alterar la Fe en Su liturgia, en su Teología y en su espíritu. (…) Llegará un día en que el Mundo civilizado negará a su Dios, en que la Iglesia dudará como dudó Pedro. Ella se verá tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios. En nuestras iglesias, los cristianos buscarán inútilmente la lamparilla roja en donde Dios los espera. Como María Magdalena, llorando ante el túmulo vacío, preguntarán: “¿Adónde Lo han llevado?”»

     Todo lo que el Papa Pío XII había previsto sucedió. Considerando que se había basado en Fátima para prever estos acontecimientos, eso significa que tienen que haber sido mencionados en el Tercer Secreto, puesto que las partes reveladas hasta hoy del Mensaje de Fátima no hablan nada sobre dichos acontecimientos en la Iglesia.

     Parece que hasta Vuestra Santidad, en el sermón que profirió en Fátima el 13 de mayo de 2000, hizo alusión al Tercer Secreto, el cual advierte a la Iglesia que se defienda del dragón cuya cola arrastra consigo una tercera parte de las estrellas del Cielo — normalmente, la interpretación de esta imagen es que hace alusión a las almas consagradas de Sacerdotes y Religiosos. Aparentemente, hasta Vuestra Santidad fue obligado por sus consejeros (incluso uno o más de los acusados) a limitarse a una discreta referencia a la parte del Tercer Secreto que aún hoy no ha sido revelada.

     Octavo: Procurando ser coherentes con la nueva orientación, los acusados (con la participación especial del Cardenal Castrillón Hoyos, como Prefecto de la Congregación para el Clero) han perseguido e intentado expulsar de la comunidad de los fieles al P. Nicholas Gruner — que representa la legítima oposición al intento de aquéllos: liquidar el Mensaje de Fátima en su significado tradicional católico. Al mismo tiempo, los acusados y sus colaboradores se han esquivado de imponerle alguna medida disciplinar eficaz a los verdaderos enemigos de la Iglesia, que se hallan en Su interior, y que (recordando aquí las quejas del Papa Pablo VI) han abierto la Iglesia al humo de Satanás, y han permitido que la Iglesia fuese invadida por el pensamiento mundano.

     Noveno: Con la intención de mantener su errónea interpretación del Mensaje de Fátima, los acusados le han impuesto a la Hermana Lucía un injusto régimen de silencio y secretismo, al mismo tiempo que han intentado presionarla para que aceptase la falsa interpretación de los acusados. Durante ese período, no se permitió el acceso a la Hermana Lucía a ningún grupo que pudiese investigar, con imparcialidad, los alegados “cambios repentinos” con relación a su testimonio — que mantuvo inalterado durante más de 60 años —, de que Nuestra Señora de Fátima había solicitado la Consagración exclusiva de Rusia — no la del Mundo —, porque Dios deseaba que el Mundo supiese que la milagrosa Conversión de Rusia a la Fe Católica se debiera al poder de Su gracia, con la intercesión de la Santísima Virgen. Es más: Casi todos los 24 volúmenes de documentos sobre Fátima compilados por el P. Alonso — que sin duda contienen las respuestas a muchas preguntas sobre el Tercer Secreto y el Mensaje de Fátima en su totalidad — permanecen guardados bajo siete llaves aun después de haber transcurrido 25 años desde que se completó la compilación.

     Décimo: Esta indiscutible conspiración de los acusados para usurparle a la Iglesia los beneficios del auténtico Mensaje de Fátima ha impedido que Ella cumpliese aquello que la Virgen de Fátima había solicitado: la Consagración de Rusia — mencionando su nombre — al Corazón Inmaculado de María, su subsiguiente Conversión, el Triunfo del Corazón Inmaculado, la salvación de muchas almas y la paz en el Mundo. «Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz (…) Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al Mundo algún tiempo de paz.»

     Undécimo: Como consecuencia directa de los actos practicados por los acusados, tanto la Iglesia como el Mundo entero han sufrido la pérdida de incontables beneficios espirituales y temporales, tenuemente insinuados por la milagrosa transformación de Portugal después de su Consagración pública al Corazón Inmaculado de María en 1931 — beneficios que, como declararon el Cardenal Patriarca de Lisboa en aquel entonces y la Hermana Lucía, se propagarían por todo el Mundo, si se hubiera celebrado de igual modo la Consagración de Rusia.

     Duodécimo: Independientemente de sus intenciones subjetivas, los acusados han cometido, para decirlo sin rodeos, un crimen de suma gravedad contra la Iglesia Católica y contra la Humanidad. Al desfigurar el Mensaje de Fátima, nos han expuesto a todos a la inminente amenaza de guerras, de hambruna, de nuevas persecuciones contra la Iglesia, de un sufrimiento más intenso de Vuestra Santidad, o de Vuestro sucesor, de la aniquilación de varias naciones y de la pérdida de muchos otros millones de almas — en fin, de todo aquello que, según las advertencias de Nuestra Señora de Fátima, sobrevendría si se hiciese caso omiso de Sus solicitaciones.

     Decimotercero: Por las razones expuestas, la continuación del ejercicio de autoridad por parte de los acusados representa para la Iglesia y para el Mundo un peligro evidente y actual, que solamente Vuestra Santidad podrá evitar.

     Pedimos, pues, urgentemente a Vuestra Santidad que adopte las siguientes decisiones:

  • La inmediata Consagración de Rusia, por su nombre, al Corazón Inmaculado de María, celebrada por Vuestra Santidad, en unión con todos los Obispos del Mundo entero, en una ceremonia pública solemne.


  • La completa revelación del Tercer Secreto de Fátima, incluso de las palabras de la Virgen María que describen la visión publicada el 26 de junio de 2000.


  • El fin del silencio y del secretismo impuestos a la Hermana Lucía de Fátima, de forma que pueda hablar libremente y sin intimidaciones con testigos imparciales.


  • La publicación completa de los 24 volúmenes de documentos compilados por el P. Alonso, referentes al Mensaje de Fátima, cuya publicación está prohibida desde 1975.


  • La exoneración de los acusados de sus respectivas funciones, y su sustitución por Prelados dispuestos a cooperar con el Santo Padre, dando cumplimiento a las solicitaciones de la Virgen de Fátima, en vez de intentar amoldar el celestial Mensaje de Fátima a las falibles decisiones humanas que nos han conducido a la desastrosa nueva orientación de la Iglesia.


  • La urgente intervención del Vaticano, por medio de visitaciones apostólicas, investigaciones e inmediatas medidas disciplinares, a fin de castigar a los culpables — no a los inocentes — y de restaurar los numerosos elementos de la Tradición católica (incluso la tradicional vida en el seminario y la formación sacerdotal), que, desde el Vaticano II, han sido abandonados para adaptarse a la nueva orientación. Este proceso debe comenzar, obviamente, por una decidida y eficaz acción del Vaticano para que los seminarios, las parroquias y los tribunales católicos se libren de los homosexuales y de los pedófilos infiltrados, que han ofendido a innumerables víctimas inocentes y han ocasionado la vergüenza de la Iglesia.


  • La promoción de la devoción de los Primeros Sábados y la divulgación universal del rezo del Rosario diario con la intención de conseguir el fin de la crisis tanto en la Iglesia como en el Mundo.

     Esta es la Petición que hacemos, sometiéndola a Vuestra Santidad, con todo el respeto y la reverencia debidos a Vuestro excelso cargo de Vicario de Cristo, pero también con toda la insistencia exigida por nuestra peligrosa situación. Porque no se puede comparar el actual sufrimiento de la Iglesia y del Mundo con el que sobrevendrá, si no se corrige el rumbo trazado por aquellos que han menospreciado la profecía de Nuestra Señora de Fátima.

Vuestros súbditos fieles en Cristo,


Volver o Continuar


Como pedir “La última batalla del diablo”

Order On-Line Now Get The Printable Order Form
Compra on-line

Llamada gratuita

Compra por correo

Use su tarjeta de crédito para comprar La última batalla del diablo para entrega rápida.

Al: 1-800-954-8737  y le recibiremos gustosos los datos de su tarjeta de crédito

Haga click aqui para ir impreso para enviar su cheque, o giro postalo bancario.