Pag. PrincipalLa última batalla del diablo - Prefacio y Introducció

 

 

Capítulo 11

“El Mensaje de Fátima”
del Cardenal Ratzinger


       En el Capítulo 8 hemos mostrado cómo, siguiendo la nueva orientación posconciliar de la Iglesia, el Vaticano publicó un “Comentario” — la Línea del Partido — sobre el Mensaje de Fátima, con el propósito de suprimir todo y cualquier contenido profético del Mensaje dirigido específicamente a la época actual. Hemos observado que hasta un periódico secular, Los Angeles Times, percibió claramente que El Mensaje de Fátima (EMF) tenía por objetivo “demoler sutilmente” aquello que denominaba “el culto de Fátima”.

       El lector habrá de ser paciente con nosotros, si ocasionalmente encuentra algún comentario polémico en esta exégesis teológica más detallada de EMF; sin embargo, no pretendemos disculparnos por ser polémicos, puesto que, cuando se hace necesaria, la polémica es benéfica. La sociedad actual sustituye cada vez con más frecuencia la Fe Católica y en su lugar coloca la fe en las llamadas “ciencias exactas”. En consecuencia de eso, las personas de hoy no aprecian la ciencia y el arte de las polémicas cuyo propósito sea defender la Fe y la Iglesia contra los enemigos de Cristo, que es La Verdad. En el griego antiguo “ho polemos” era la expresión usada para “la guerra”. Sin embargo, no hay ningún mal en emprender una guerra en defensa de Cristo y de la Fe Católica. Sólo aquellos que no tienen Fe, o que la tienen muy debilitada, serán incapaces de comprender esto, porque depositan demasiada fe en las “ciencias exactas”.

La “Introducción”

       Ya en el segundo párrafo, la “Introducción” del Comentario Bertone/Ratzinger (EMF) sobre el Tercer Secreto ofrece una muestra de la política del Vaticano, aparentemente olvidadiza,  tanto de la Historia reciente como de la Teología Moral:

       Tras los dramáticos y crueles acontecimientos de siglo XX, uno de los más cruciales en la historia del hombre, culminado con el cruento atentado al «dulce Cristo en la Tierra».

       Nadie en su sano juicio podrá poner en duda que la mera tentativa de asesinar al Sumo Pontífice es un crimen atroz, sujeto a la pena de excomunión hasta por el Código de Derecho Canónico de 1983 que es relativamente liberal. Sin embargo, dicha afirmación muestra una trágica falta de proporción. Decir que “los dramáticos y crueles acontecimientos” “culminando” con el atentado contra la vida del Papa es absolutamente desproporcionado y menosprecia los ¡60 millones de víctimas de Stalín, sumadas a las víctimas de todas las guerras del siglo pasado y a los 55 millones anuales de víctimas de aborto! La desproporción es infinitamente peor al no considerar el aspecto trascendental, es decir, que el verdadero «dulce Cristo en la Tierra» está en el tabernáculo, y Su Presencia real se coloca en las manos y se deja caer en la Plaza de San Pedro1, como ocurre en miles de otros lugares. La mencionada afirmación tiene un claro objetivo: reducir la importancia del Tercer Secreto en los comentarios del Cardenal Ratzinger.

       En la página siguiente, la “Introducción” de EMF declara que “existe un único manuscrito, que se aquí se reproduce en facsímile”. Aunque sea algo engañadora, esa frase podría constituir una verdad literal si significase que sólo uno de los manuscritos había sido reproducido fotográficamente; sin embargo, teniendo en cuenta la afirmación del Cardenal Ratzinger, de que el Secreto había sido publicado “en su integridad” (EMF, pp. 31, 38), hay que considerar dicha declaración como una mentira. Hay una gran cantidad de pruebas de que, en realidad, existen dos partes del Tercer Secreto: la primera es la visión  del “Obispo vestido de Blanco” (retirada de los archivos del antiguo Santo Oficio y publicada el 26 de junio de 2000) y la segunda es la que se halla en los aposentos del Santo Padre. Esta prueba es organizada y presentada de forma convincente en un artículo escrito por el Sr. Andrew Cesanek2 (véase el Capítulo 12). Como observa el Sr. Cesanek, el texto divulgado no contiene ninguna frase dicha por Nuestra Señora. Por consiguiente, la presentación de Ratzinger/Bertone sobre el Tercer Secreto carece totalmente de credibilidad.

       Sin que constituya una ilícita acusación de un pecado consciente contra el Octavo Mandamiento, la verdad es que nos enfrentamos con el hecho concreto de una mentira impresa. Como hasta hoy no ha habido ninguna manifestación pública en contrario, es prácticamente imposible atribuir a un error la afirmación sobre el número de manuscritos. No es importante saber quiénes ni cuántas personas están involucradas en esta mentira; lo que sí es importante, bajo el punto de vista teológico, es una mentira como la divulgada. Aun en el caso de tratarse simplemente de un error, eso afectaría toda la interpretación teológica desarrollada en el documento.  Si se trata de una mentira — como lo creemos firmemente — eso quiere decir que las interpretaciones teológica e histórica que se han presentado conducen de forma deliberada a una conclusión errónea o a un mensaje erróneo. Normalmente esto tiene un nombre: fraude. Y, como veremos, eso afecta muchas otras cosas más que la teología expuesta en los comentarios publicados.

       Las páginas siguientes de la Introducción a EMF reiteran la mentira de que ya se hubiese hecho la Consagración [de Rusia], particularmente en la página 8, donde se cita una carta, sin firma, de la “Hermana Lucía”, claramente falsificada, conforme lo hemos demostrado en un capítulo anterior, y como también lo ha demostrado el P. Paul Kramer.3 Hace años que la revista The Fatima Crusader  abordó el caso de esa mentira, de modo que no es necesario repetirlo aquí. No obstante, la inclusión, en este capítulo, de citas más antiguas de la mencionada carta falsificada, ofrece un contexto que explica las mentiras más recientes.

       Por último, resaltamos una vez más la increíble declaración del Arzobispo Bertone que aparece en la página 9 de la Introducción a EMF:

       La decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del «secreto» de Fátima cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta premura de la Madre de Jesús y de la Iglesia.

       En diversos artículos ya publicados se explicó el absurdo de dicha declaración, bajo el punto de vista histórico.4 Efectivamente, bajo ese punto de vista, se trata de una declaración imbécil al borde de la locura.

       Pues bien. El Arzobispo Bertone no es ningún estúpido ni tampoco es loco. Por lo tanto, hay que interpretar esa afirmación como siendo de carácter teológico. Fue el Padre Gruner quien sugirió apropiadamente que — según Mons. Bertone — era admisible que creyésemos que “la llamada ‘caída del Comunismo’ suponía que el Mensaje de Fátima ya no era importante para la política mundial y que ya no tenía sentido hablar de la conversión de Rusia.”5 La sugerencia constituye una interpretación política sobre la continuidad de la Östpolitik del Cardenal Casaroli y sobre la inexplicablemente estrecha relación del Papa con Gorbachov, el propagador del genocidio; también constituye un penetrante análisis de una teología modificada, fundamental para la nueva orientación de la Iglesia: una teología llamada Ecumenismo.

       De momento, vamos a dejar de lado las cuestiones referentes a estas observaciones, que podrán ser mejor comprendidas a la luz de la teología del Cardenal Ratzinger.

El “Secreto”

       Con referencia a la autenticidad del texto publicado, si bien el Padre Gruner parece estar convencido de ella6, surgen naturalmente ciertas preguntas: ¿Por qué afirma la Hermana Lucía — quien, con certeza, ya había leído allá por el año 1944 las Sagradas Escrituras y muchos “libros de piedad”, como los denomina el Cardenal Ratzinger — que el Santo Padre estaba «rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino»? En el transcurso de la Historia de la Salvación se habla de las “almas de los muertos” o “de los difuntos”, como se puede ver en el Credo («… en la resurrección de los muertos…»). Sólo en el Antiguo Testamento podemos encontrar la palabra “cadáver”, pero eso cuando se trata de “apóstatas” o de “almas condenadas”.

       Es igualmente extraño, en el contexto de las partes Primera y Segunda del Secreto, que la vidente hubiese hablado de un “Obispo vestido de Blanco”, mientras los acontecimientos de 1939 fueron profetizados claramente, con la designación de “Papa” y hasta de su nombre: Pío XI. Un “Obispo vestido de Blanco” podría referirse al Abad de Brixen, en el Tirol meridional, a algún obispo de los trópicos, o hasta a un impostor en Roma que se hace pasar por Papa — como afirman los sedevacantistas. La verdad es que no podemos arriesgarnos a dar una respuesta; no obstante, la expresión “Obispo vestido de Blanco” suena extrañamente vaga en el contexto histórico de todos los acontecimientos ocurridos desde 1917.

       En la conclusión de este capítulo, habrá más cosas que decir sobre este aspecto. Por el momento, continuaremos tratando el texto como si fuese auténtico.

La Interpretación del “Secreto”

A. La carta del Papa a la Hermana Lucía

       En esta carta, que lleva la fecha de 19 de abril de 2000 y que es citada en EMF, dice el Papa:

Teniendo en cuenta que ese día no habrá tiempo para un coloquio, sino sólo para un breve saludo, he encargado ex profeso a Su Excelencia Monseñor Tarsicio Bertone (...) Monseñor Bertone (...) va en mi nombre para hacerle algunas preguntas sobre la interpretación de la “tercera parte del secreto”.

       De ahí concluimos que Su Santidad no tiene tiempo para una conversación con la Hermana Lucía. Algún acérrimo defensor del Papa Juan Pablo II podría oponerse a esta conclusión, recordándonos que no estamos capacitados para aconsejar al Papa sobre su agenda de actividades ni para cuestionar Sus decisiones acerca de la disciplina y al gobierno de la Iglesia, in rebus … quæ ad disciplinam et regimen Ecclesiæ … pertinent (D. S. 3060).

       Claro que eso es verdad. Pero permítasenos hacer una pregunta obvia: ¿Qué criterio adoptaron los consejeros y asesores del Papa al establecer las agendas, de tal manera que Su Santidad pudiese recibir a los Masones de la Comisión Trilateral7, al ya mencionado Mijaíl Gorbachov, a los Líderes Masónicos Judíos de B’nai B’rith8; predicar desde el púlpito de la Iglesia Luterana de Roma9; visitar la Sinagoga en Roma10, reunirse con el “Patriarca” Budista Vasana Tara11, con el Dalai Lama12 y con Yasser Arafat13, y aceptar que el cismático y herético Patriarca Dimitrios I de Constantinopla14 apareciera a Su lado en la “Loggia” Pontificio de la Basílica de San Pedro en Roma (!) — y no consiguieron encontrar un espacio en la agenda del Papa para que pudiese hablar con la mensajera personal de Nuestra Señora y probablemente Su más importante mensajero en el siglo XX?

       No sabemos cuál es la respuesta, ni nos atrevemos a formularla; sin embargo, es evidente la conexión teológica del Vaticano para minimizar el Tercer Secreto.

B. El “Coloquio con la Hermana Lucía” 

       Este relato sin firma, de un presunto coloquio (en abril de 2000) entre el Arzobispo Bertone y la Hermana Lucía que empieza en la página 28 de EMF), es una impresionante demostración de fraude; probablemente fue el propio Arzobispo Bertone quien lo escribió. Conforme señaló correctamente el Padre Kramer, Mons. Bertone no sólo no le preguntó a la Hermana Lucía si ya se había realizado la Consagración de Rusia, sino que yuxtapuso dos declaraciones lógicamente referentes a contextos distintos, a saber: la afirmación de la Hermana Lucía de que la figura vestida de blanco era un Papa, cuyo nombre desconocía (!) y su concordancia con la afirmación del Santo Padre, de que en el día 13 de mayo de 1981 «una mano materna guió la trayectoria de la bala.»15

       En la tentativa de asesinato perpetrada por Ali Agca han sido tantas las coincidencias extrañas — ¿o habrá sido la Divina Providencia? — que consideramos en esta divagación no teológica:

  • ¿Por qué se le trabó el arma después del tercer tiro? Que se trabe un arma semiautomática no se puede decir que sea cosa rara; lo que sí es casi imposible es que la mejor policía italiana, los Carabinieri, después de haber realizado exámenes microscópicos en sus laboratorios durante varias semanas, no hubiese conseguido descubrir el motivo. ¿Habría sido por interferencia directa del Ángel de la Guardia? Bajo el punto de vista teológico, eso sería altamente probable.


  • ¿Por qué no usó Ali Agca balas de punta hueca o la munición Federal Hydra-Shok, fácil de obtener, ya que con cualquiera de ellas habría realizado su propósito de asesinar al Papa? Muchas fuentes afirman que alguna organización secreta o un servicio secreto dio su apoyo al atentado. ¿Serían todos ellos amateurs?


  • ¿Por qué habría escogido un arma de fuego de tama o reducido, en plena Plaza de San Pedro, sin cualquier posibilidad de fugarse, en vez de usar un rifle (que en esa época se podría adquirir fácilmente) y una posición más elevada — con lo cual le habría sido más fácil fugarse? ¿Sería un estúpido fanático?

       Probablemente nunca llegaremos a conocer en el curso de nuestra vida la verdad sobre lo que sucedió en aquel día; pero lo que sí es verdad es que el atentado contra el Papa no tenía nada que ver con el Tercer Secreto, puesto que el Papa no fue asesinado. Realmente, fue un trágico acontecimiento, pero que le impidió al Papa mantenerse en plena actividad menos que un a o — y no los más de veinte transcurridos hasta hoy. Es un insulto a la Divina Providencia y a Nuestra Se ora afirmar que tal acontecimiento, cuya importancia es muy relativa, fuese el núcleo central de una profecía que trataba del Infierno, de dos Guerras Mundiales, del Comunismo y de un castigo que todavía ha de llegar.

       Finalmente, debemos preguntarnos: ¿Por qué ese atentado de 1981 sería mejor comprendido después de 1960, según la afirmación de la Hermana Lucía acerca del Tercer Secreto? Lo mismo que nosotros en la actualidad, cualquiera lo habría comprendido en el siglo XX. ¿O será que la generación que combatió en la Segunda Guerra Mundial y en Corea sólo estaría capacitada a partir de 1960 para entender mejor el papel de los soldados en aquella visión? La insistencia de la Hermana Lucía para que se revelase en el año de 1960 aquello que “Nuestra Señora así lo desea”, sólo puede significar que Lucía sabía de algo que iría a suceder en 1960 o poco después y que haría perfectamente comprensible el Secreto como una profecía referente a eventos ulteriores. También es muy claro que el Secreto no tenía ninguna conexión con el asesinato del Presidente Kennedy. Pero ¿qué decir sobre la encíclica Pacem in Terris del Papa Juan XXIII, publicada en 1963, o del Concilio Vaticano II, abierto en 1962, pero anunciado el 25 de enero de 1959?

C. El “Comunicado del Cardenal Angelo Sodano (…)”

       El fraude prosigue con la afirmación del Secretario de Estado de que el texto del Tercer Secreto debía interpretarse como una clave de “carácter simbólico”. El objetivo de esa sugerencia se hace patente cuando el Cardenal Sodano falsea la verdadera visión al declarar: «También él cae a tierra como muerto.» Como ya hemos en un capítulo anterior, las palabras son exactamente lo contrario de la expresión usada por la Hermana Lucía: «fue muerto».

       El paso siguiente consiste en hacer retroceder el Mensaje al pasado, sea refiriéndose al atentado de 1981, sea con la ridícula declaración de que el año de 1989 vio el fin del Comunismo y de la expansión del ateísmo. Tanto la “glasnost” como la “perestroika” de Gorbachov ya han sido objeto de discusión en diversos números de The Fatima Crusader, por lo cual no es necesario repetir aquí tales análisis. Sin embargo, es muy triste ver que el Secretario de Estado del Vaticano no siente ningún constreñimiento al emplear una mentira de hace una década, con el propósito de menospreciar el Mensaje de Nuestra Señora.

D. El “Comentario Teológico” del Cardenal Ratzinger  

i)    Una Introducción demoledora

       Ya en la segunda línea del Comentario (EMF, p. 32) consta la afirmación de que «el texto del llamado tercer “secreto” de Fátima (...) viene publicado aquí en su integridad». Esa mentira se repite más adelante en EMF, p. 39. El ya mencionado artículo de Andrew Cesanek ofrece suficientes pruebas de que se trata de una mentira (véase el capítulo siguiente). Volveremos a comentar este fraude en la conclusión de este capítulo.

       Es cínica — para decir el mínimo — la siguiente afirmación:

No se revela ningún gran misterio; no se ha corrido el velo del futuro. Vemos a la Iglesia de los mártires del siglo apenas transcurrido representada mediante una escena descrita con un lenguaje simbólico difícil de descifrar..16

       Si «no se revela ningún gran misterio», ¿por qué motivo se preocupó Nuestra Señora antes de nada en mantenerlo en secreto? Como veremos más adelante, es posible que el futuro haya sido revelado en la otra parte del Tercer Secreto que, evidentemente, se nos ha impedido conocer, aquélla que contiene las palabras de Nuestra Señora en continuación a la frase «En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe, etc.» De cualquier modo, es totalmente absurda la afirmación — principalmente si se asocia a los excepcionalmente claros mensajes del resto del Mensaje de Fátima —  de que la visión de los soldados que disparaban contra el Papa es simplemente un símbolo del pasado.

       Cuando se comparan con la mayor parte de las profecías — y nos imaginamos la dificultad de interpretar el Apocalipsis —, los secretos de Fátima son excepcionalmente claros y objetivos. Si es así, ¿por qué el Tercer Secreto habría de ser “simbólico (y) difícil de descifrar”? ¿Por qué el siglo XX terminaría en 1999?

       En el año de 1900 el Kaiser Guillermo II de Alemania decretó que ese año daría inicio al siglo XX — lo cual es matemáticamente imposible. De igual modo, se tiene la impresión de que las Matemáticas del Cardenal Ratzinger — lo mismo que su Teología — se subordinan a la autoridad en vez de serlo a la Verdad. Decir esto no significa entrar en “polémicas estériles”, si se considera el excepcional cambio de mentalidad entre 1984 y 2000. En 1984, al discutir el contenido del Tercer Secreto, el Cardenal Ratzinger habló de “los últimos tiempos” y de la “profecía religiosa”, y dijo:

       Pero las cosas contenidas en este ‘Tercer Secreto’ corresponden a lo que ha sido anunciado en la Santa Escritura y lo que ha sido dicho muchas veces en muchas otras apariciones marianas, en primer lugar la de Fátima en lo que ya es conocido de lo que contiene su mensaje.17

       La afirmación del Cardenal Ratzinger en 1984 constituye una frontal contradicción con la degradación del Tercer Secreto promovida por él en EMF. El Padre Paul Kramer18 reunió los más importantes mensajes de Nuestra Señora, transmitidos en las demás Apariciones marianas, y los analizó bajo este aspecto: son todos muy aterradores e indudablemente — al menos en lo que se refiere al mensaje profético — predicen acontecimientos que todavía han de ocurrir.

       Una vez más, nos hallamos ante el tenor básico de EMF en toda su extensión, que es extremamente deshonesto al pretender trivializar el Tercer Secreto, al calificarlo como una predicción sin mayor importancia de un frustrado atentado contra la vida del Santo Padre. ¿Podemos afirmar que el frustrado atentado contra la vida del Papa no es otra cosa sino una predicción “sin mayor importancia”? ¡Sí podemos! Ya lo hemos dicho y la verdad es ésta: El atentado fracasó y aunque se llegase a asesinar al Papa, eso no tendría nada que ver con el Tercer Secreto. Se suele decir en dialecto romano que “Morto un Papa, se ne fa un’altro” — Cuando muere un Papa se hace otro.

       Eso trae a colación otra cuestión: ¿Por qué en el Vaticano nadie se dio al trabajo de sugerir que el Tercer Secreto podría referirse a la muerte prematura del Papa Juan Pablo I? Era él una figura absolutamente insignificante? Ningún Papa lo es. Pero Dios nunca conoció el futuro.

       ¡Dios lo tiene presente! Por consiguiente, el atentado contra la vida de un Papa no constituye, de ningún modo, “un gran misterio”, como lo calificó sagazmente el Cardenal Ratzinger. Y sin embargo, ocurrió la muerte, ésta sí, real — y completamente misteriosa — de un Papa, la cual, convenientemente, se relegó al olvido.

       Tanto la profecía como las palabras de los tres videntes dejan muy claro que “el Santo Padre habrá de sufrir mucho”. En el contexto de dos Guerras Mundialesy cosas mucho peores (como veremos), llega a ser casi una idolatría la exaltación de un Papa, hasta el extremo de considerar su internamiento hospitalario durante algunos meses como el Tercer Secreto de Fátima. El sufrimiento que tuvo que soportar el Papa en el Hospital Gemelli, de Roma, es cosa que nadie desearía que ocurriese. Sin embargo, gracias al actual desarrollo de la medicina, el sufrimiento del Papa en aquella ocasión no se puede comparar, de ningún modo, con el destino que en general tuvieron los Sacerdotes en los campos de concentración nazis — eso para no hablar del destino de tantos y tantos Sacerdotes y Obispos del otro lado del Telón de Acero.

       Lo más revelador de todo es que, si el Tercer Secreto se limita a predecir que un Papa sobreviviría a una tentativa de asesinato, ¿por qué, pues, en 1984 el Cardenal Ratzinger dijo que el Tercer Secreto no había sido revelado para evitar que “se confundiese con sensacionalismo lo que era una profecía religiosa”? ¿Cómo podía ser de sensacional en 1984 una profecía relativa a un frustrado atentado, ocurrido tres años antes? Definitivamente, ¡nada! Aunque tan sólo fuese por ese comentario, la clamorosa contradicción del Cardenal Ratzinger con respecto a su declaración anterior es suficiente para acabar con su credibilidad. La actual versión del Tercer Secreto es aquello que los abogados denominan “una invención de sucesos, a posteriori”. El contenido “sensacional” a que se refería Ratzinger en 1984 no podría haber sido, evidentemente, la tentativa de asesinato de 1981.

El Padre Caillon (arriba) dijo: «Llegó una orden de Roma que obligaba a todos los Fieles a decir y pensar lo siguiente: “La Consagración [de Rusia] ya se ha realizado. Una vez que el Papa hizo todo lo que estaba a su alcance, el Cielo se dignó aceptar ese gesto.”» Fue más o menos en esa época, 1988-1989, cuando muchos Apostolados de Fátima — que hasta entonces venían insistiendo en que no se había realizado la Consagración de Rusia — de repente pasaron a afirmar que la Consagración de 1984 satisfacía los deseos del Cielo.

ii) Sobre revelaciones públicas y privadas

       Es sugestivo que el Cardenal Ratzinger sitúe todo el fenómeno de Fátima en un contexto de “revelaciones privadas”, que, dependiendo de su autenticidad, tanto podrían ser llamadas “falsas” o “extraordinarias”. Dice el Cardenal Ratzinger que, como todas las “revelaciones privadas” que las autoridades eclesiásticas reconocen como auténticas, el Mensaje de Fátima, «puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.» En otras palabras, según el Cardenal Ratzinger, nadie en la Iglesia es obligado a guiarse por el Mensaje de Fátima; ni el Papa, ni los Obispos, ni los Sacerdotes, ni los Fieles legos. La aceptación de Fátima — incluso la Consagración de Rusia y la devoción de los Cinco Primeros Sábados — es puramente opcional. Si así lo deseamos, podemos simplemente ignorarla por completo — como si nunca hubiese ocurrido el Milagro del Sol; como si las exhortaciones de la Virgen de Fátima las hubiese hecho ¡un fantasma! Fátima no es nada más que una “ayuda” que podemos utilizar o no, según nos apetezca.

       Benedicto XIV, uno de los Papas más eruditos en la Historia de la Iglesia, dice con toda propiedad que no se pueden sostener esas revelaciones recurriendo para tanto a la Fe, sino «exigen más bien un asentimiento de fe humana, según las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles.» Sin embargo, al citar estas palabras del Papa Benedicto XIV, el Cardenal Ratzinger ignora astutamente algo que es tan extraordinario acerca de Fátima, y que la excluye de la categoría de otras revelaciones “privadas”: el asombroso Milagro del Sol — una prueba fehaciente de que Fátima es algo más que un simple fenómeno “piadosamente creíble”.

       Aparentemente, el Cardenal Ratzinger aplica un criterio semejante en todas las revelaciones extraordinarias de los últimos dos siglos. Por ejemplo: Las revelaciones extraordinarias transmitidas a Santa Margarita María de Alacoque, sobre la Fiesta del Corpus Christi y del Sagrado Corazón de Jesús, él las reduce a un acontecimiento que simplemente llegó a tener “consecuencias hasta en la liturgia”. Esto es casi una blasfemia cuando consideramos el destino de Francia, después que Luis XIV y sus dos sucesores se recusaron de forma impertinente y desastrosa a obedecer la petición de Cristo para que se realizase la Consagración de Francia al Sagrado Corazón de Jesús, conforme había sido transmitido a Santa Margarita María en esas revelaciones “privadas”.19

       La idea errónea que tiene el Cardenal Ratzinger acerca de lo que es profecía aparece de forma escandalosamente clara en la siguiente afirmación:

       (...) es necesario tener presente que la profecía en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro. El que predice el futuro se encuentra con la curiosidad de la razón, que desea apartar el velo del porvenir.

Esto equivale a negar toda y cualquier profecía, que normalmente se considera como una de las más elevadas gracias concedidas de forma gratuita, las gratiæ gratis datæ. La profecía envuelve con frecuencia la correcta interpretación del pasado y del presente; pero como tal se considera una previsión del futuro. O bien Isaías, David, Jesucristo y San Pablo “se encuentra con la curiosidad de la razón” y los Santos Padres y muchos Doctores de la Iglesia “desea apartar el velo del porvenir ”, o bien el Cardenal Ratzinger una vez más está equivocado. ¿Quieres responderlo tú, lector?

       El Cardenal Ratzinger reduce la profecía a aquello que denomina “signos de los tiempos”, quizás por no ser capaz de ver los verdaderos signos de los tiempos: iglesias vacías, herejía, apostasía, blasfemia, perversión sexual, lascivia, neopaganismo y, en realidad, la más absoluta discordancia entre muchos Obispos y Sacerdotes en todo lo que se refiere a la Iglesia Católica. La única cosa en que están de acuerdo los poderes que conducen el Vaticano es que aborrecen la Teología Católica tradicional, desdeñada por ellos, así como a todo lo que atañe a la conversión de Rusia a la Fe Católica — una vez más, el mismo conflicto entre visiones eclesiásticas que dio origen al crimen que estamos discutiendo aquí.

       El Cardenal Ratzinger tiene que fingir cuando dice que eses signos de los tiempos no tienen nada que ver con el acontecimiento conocido por Concilio Vaticano II, que aclamó que el Espíritu Santo bajó por la segunda vez. Trátase de una completa falsedad, como lo demuestran los amargos frutos del Concilio.

       Si bien podemos ser acusados de “polemistas” en vista de la doctrina de la Iglesia sobre las profecías y la importancia que San Pablo (¡siguiendo el ejemplo de Cristo!) y los Padres de la Iglesia atribuyeron a este don de Dios, las afirmaciones del Cardenal Ratzinger, a su vez, casi llegan a la herejía y a la blasfemia — es lo menos que se puede decir. Reducir a “la curiosidad de la razón” todo lo que se encuentra en entre los Salmos y San Juan Bosco o Fátima, equivale a afirmar que la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia, la Tradición y prácticamente todas las revelaciones extraordinarias sobre el futuro son una especie de “prensa alternativa” clerical, del mismo rango de aquellas revistas vulgares que se hallan al lado de los cajeros del supermercado. Considerar que las predicciones incluidas en las profecías divinas constituyen simples objetos de una indolente curiosidad humana no es sino un insulto a Dios y a los Santos. Y eso no se puede aceptar sin más ni más.

       En la p. 38 de EMF, el Cardenal Ratzinger vuelve a citar las palabras del Cardenal Sodano que banalizan el significado de la visión:

        no se describen en sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetizan y condensan sobre un mismo fondo, hechos que se extienden en el tiempo según una sucesión y con una duración no precisadas.

       El claro mensaje de esos eminentes Cardenales es que todos estos acontecimientos pertenecen al pasado y no constituyen un gran misterio.

iii) “Un intento de interpretación…” del Cardenal Ratzinger

       La primera pregunta que surge es con respecto a la sorpresa del Cardenal Ratzinger. En EMF (p. 39) afirma que el mensaje de la Santísima Virgen, de que la devoción a Su Corazón Inmaculado es el camino para la salvación, es «sorprendente para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán». ¿Por qué dice eso el Cardenal Ratzinger? ¿Serán tan ignorantes los ingleses y los alemanes que jamás hayan oído hablar del Sagrado Corazón de Jesús20, de Santa Margarita María de Alacoque, ni de San Felipe Benicio, para no hablar del Papa León XIII? ¿O serán demasiado inteligentes para dejarse engañar por esos romanticismos italiano y español? ¿Será que el circunspecto alemán le dice a su novia: “¡Te amo con todo mi cerebro!”, o que un decidido inglés comunica su pasión mediante una seca alusión a su fuerza de voluntad? ¿Cuál es el objetivo de esas ridículas afirmaciones? La respuesta puede hallarse en las líneas que vienen después de la incomprensible “sorpresa” del Cardenal.

       El “intento (de Ratzinger) de interpretación del ‘secreto’ de Fátima” fracasa rotundamente al interpretar algo que, decididamente, no es el secreto, puesto que éste no ha sido revelado; pero sí consigue desprestigiar, nada menos que a la Inmaculada Concepción. Este eminente Príncipe de la Iglesia parece haberse olvidado de que cuando Nuestra Señora se apareció en Lourdes no se presentó como “Inmaculadamente Concebida”, sino que dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Sólo Ella, entre todas las simples criaturas, fue concebida sin Pecado Original y jamás cometió un pecado. Sólo Su Corazón — entendido como la tercera facultad del alma; no el órgano interno, sino el corazón que Santo Tomás de Aquino llama el sensus communis  — es, por lo tanto, el Corazón Inmaculado. El Cardenal Ratzinger no se tiene ningún constreñimiento en ampliar exageradamente esa expresión, reservada a la Madre de Dios, para aplicarla a todo «corazón que a partir de Dios ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por lo tanto, “ve a Dios”». Tampoco tiene vergüenza de abusar del Evangelio con su interpretación cuando cita a Mateo 5:8, el cual se limita a decir: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» Cristo habla de los limpios de corazón y no de “una perfecta unidad interior”, ni mucho menos del Corazón Inmaculado de Su Santísima Madre. Si seguimos esta negación implícita de la exclusividad de Corazón Inmaculado para extenderlo a todos los “limpios de corazón”, entonces podríamos llegar fácilmente a la conclusión de que todos los Sacerdotes tienen un corazón sagrado, ya que son consagrados como alter Christus (otro Cristo), lo cual se justificaría por causa de su designación proveniente del latín: Reverendus (que debe ser reverenciado). Pero quien afirma que todos los sacerdotes tienen un corazón sagrado sería blasfemo — que es precisamente lo que se debe pensar del Cardenal Ratzinger cuando trata con banalidad el Corazón Inmaculado.

       Hasta la objeción, “típicamente protestante”, de que «no deberíamos interponer ningún ser humano entre Cristo y nosotros» es replicado por el Cardenal Ratzinger, aparentemente dejando de lado a Nuestra Señora: cita la exhortación de San Pablo para que lo “emulen”, cuando lo correcto sería explicar que fue el mismo Nuestro Señor quien interpuso entre Él y nosotros un simple ser humano, al indicar a Su Madre como ¡Mediatrix (Medianera) de todas las gracias!

       Al examinar las sencillas imágenes que aparecieron en la visión del “Obispo vestido de Blanco”, dice el Cardenal Ratzinger:

        De ese modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la imagen que los niños vieron, no es una película anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. (...) El sentido de la visión no es el de mostrar una película sobre el futuro ya fijado de forma irremediable.21

       Admitir que los niños tuvieron una visión enteramente libre de condicionamientos, equivale, una vez más, a negar la profecía. Nuestra Señora hizo una clara distinción entre el futuro inmutable y las consecuencias que sobrevendrían si Sus deseos no fuesen atendidos. Pero declarar que es posible alterar el futuro como tal, independientemente de lo que vaya a suceder, eso es contrario a la Doctrina de la Iglesia acerca de la Divina Providencia y de la Predestinación. El plan eterno de la Divina Providencia es inmutable, porque Dios es inmutable; y nada puede suceder independientemente de la Divina Providencia.22 En Su divina Sabiduría Dios conoce el futuro en todos sus aspectos, y por eso mismo es inmutable, conforme lo enseñó con su autoridad el Concilio Vaticano I. (D. S. 3003).

       Si se lleva al pie de la letra la afirmación del Cardenal Ratzinger, él sería como mínimo un hereje; si tal afirmación significa que podemos alterar el futuro, con tal que observemos las peticiones de Nuestra Señora, en ese caso el concepto del Cardenal sobre el futuro es deforme. Si, en vez de decidir ser un padre de familia, un hombre decide ser Sacerdote, él no “cambia” su futuro, establecido aun antes de su nacimiento; lo que sí cambia es su modo de pensar. O la afirmación del Cardenal Ratzinger es la manifestación de una mentalidad subjetivista o lo es de una herética. Al parecer, se trata de esta última, si tenemos en cuenta esta afirmación: «No existe un destino inmutable».23

       La certeza subjetiva del Cardenal al negar todo tipo de imagen de “película” (vista por los tres niños de Fátima) demuestra, según parece, que cree que él propio es el verdadero profeta de Fátima, y ciertamente no lo sería Nuestra Señora de Fátima.

       Finalmente, la Hermana Lucía es desacreditada como vidente cuando el Cardenal Ratzinger dice que la visión incluye imágenes que ella «puede haber visto en libros de piedad.»24 Eso equivale que afirmar que toda la visión es producto de la fantasía, lo cual se encaja perfectamente en el plan de reducir Fátima a algo que no es «nada más que un genérico acto de piedad católica y a una serie de tópicas relativas a sucesos ya ocurridos y llevados a cabo», según la perspicaz descripción del Padre Gruner, en su artículo sobre el comentario de Ratzinger/Bertone.25

       Como ya hemos discutido en un capítulo anterior, en la penúltima página de EMF se vuelve a declarar que todo en cuanto al Secreto es cosa del pasado, incluso la frase de Nuestra Señora: «Mi Corazón Inmaculado triunfará», de la que el Cardenal retiró deliberadamente las palabras ‘Por fin’. El Cardenal reduce todo lo que se refiere a Fátima al «fiat de María, la palabra de su corazón ha cambiado la historia del mundo».26 Trátase de un patente ridículo e inepto esfuerzo para retirar definitivamente a Fátima del escenario.

iv) La levadura de Ratzinger

       La tentativa del Cardenal Ratzinger, de desmantelar el Mensaje de Fátima bajo la apariencia de una “interpretación” erudita, nos trae a la memoria una de las advertencias de Nuestro Señor a Sus discípulos: «Tened cuidado y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.» (Mt. 16:6) En el primer momento, los discípulos, que estaban comiendo pan, no entendieron la advertencia. ¿Qué tenía que ver con los fariseos esa alusión a la levadura? Pero enseguida percibieron lo que Nuestro Señor quería decir: «Entonces comprendieron que no les había dicho que se guardasen del fermento del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.» (Mt. 16:12)

       Como explicó el Arzobispo Alban Goodier, S.J. en su clásico comentario sobre este pasaje de las Sagradas Escrituras, Nuestro Señor estaba orientando a sus discípulos a que se mantuviesen en guardia contra las argucias de los fariseos, muchísimo más nocivas que cualquier oposición frontal a Cristo:

       No era tanto su oposición [de los Fariseos] lo que Él temía: era su argucia. Hasta aquel momento, los fariseos Lo criticaban por Sus milagros y por otras obras de caridad; Él sabía muy bien que esa crítica no alejaría de Sí a Sus amigos. Ahora, esta mañana, ellos [los fariseos], con fingida inocencia, vinieron para manifestarle su deseo de conocer la verdad, de invocar a los profetas, el celo por la tradición, el respeto a la ley y al orden y la obediencia a los poderes estatuidos; y Él sabía que todo esto probablemente iría a impactar a los Suyos más que cualquier hostilidad declarada. Y, como la levadura, esto se difundiría inconscientemente entre ellos, a menos que estuviesen precavidos.27

De la misma forma que Nuestro Señor, la Virgen de Fátima se expresó en su Mensaje directamente, sin rodeos. Pero el Cardenal Ratzinger, tal como los fariseos en aquel entonces, usa y abusa de argucias y de citas bíblicas, que, capciosamente elaboradas, oscurecen la sencillez de la verdad divina. Y, tal como los fariseos, el Cardenal presenta este oscurecimiento envuelto en una gran demostración de respeto para con la Mensajera y Su Mensaje; pero, por detrás de dicha apariencia de respeto, aparece un desprecio sutilmente camuflado. Y cuando el Cardenal concluyó su farisaico “tributo” al Mensaje de Fátima, ya no restaba nada de éste. Para él, el tema es extremamente delicado — tan delicado que se desvanece en el aire.

Pero las apariciones de Fátima no son tan delicadas. Se les concedieron a tres niños que ni siquiera sabían leer, para la edificación y guía de los sabios y eruditos de este Mundo — incluso los Teólogos del Vaticano. O Nuestra Señora se apareció en Fátima, o no se apareció. O les transmitió a los niños un mensaje muy claro, que podían recordar y repetir exactamente como lo habían oído, o no se lo transmitió. O pretendía que se difundiese por todo el Mundo Su Mensaje, o no lo pretendía. O se aseguró de que su Mensaje fuese transmitido correctamente, o no se aseguró. O, por medio del Milagro del Sol, dio garantías para que no surgiese cualquier duda razonable de que realmente fuera Ella, la Reina del Cielo y de la Tierra, Quien se apareció, Quien habló y Quien formuló sus peticiones, o no las dio. Evidentemente, la respuesta en cada caso es que sí lo hizo, porque Ella es la Madre de Dios.

Tal como los discípulos en su encuentro con los fariseos, debemos mantener la vigilancia contra las argucias farisaicas que, en los últimos cuarenta años, se han propagado como fermento envenenado por toda la Iglesia. Y ahora en nuestros días el fermento de los fariseos intenta infiltrarse en el Mensaje de Fátima cuando nos dice el Cardenal Ratzinger que cualquier corazón puede ser como el Corazón Inmaculado de María y que la expresión “Por fin Mi Corazón Inmaculado triunfará” se refiere a la Anunciación, ocurrida hace dos mil años. Los fariseos de aquel entonces eran peligrosos precisamente porque aparentaban un genuino respeto por la verdad. Hoy un falso respeto por el Mensaje de Fátima encubre a sus más acérrimos opositores.

Conclusión

       En uno de los acontecimientos más extraños de una Iglesia posconciliar, ya de por sí tan extraño, nos confrontamos con una serie de preguntas derivadas de los comentarios no ortodoxos del Cardenal Ratzinger y de Mons. Bertone sobre el Tercer Secreto:

  • ¿Por qué se no se dan a conocer de público, y hasta se les niega la existencia, las verdaderas palabras de Nuestra Se ora — el auténtico Tercer Secreto —, escritas en una sencilla hoja de papel, que con toda probabilidad se conserva en el cofre papal?


  • ¿Por qué se relaciona la versión divulgada — que obviamente se refiere al asesinato de un futuro Papa — con el frustrado atentado contra la vida del Pontífice en 1981?


  • ¿Por qué se repite la mentira de que ya se realizó la Consagración de Rusia?


  • ¿Por qué se declara absurdamente que «la decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del “secreto” de Fátima cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y de iniquidad»?


  • ¿Por qué los asesores y consejeros del Papa programan incontables reuniones de Su Santidad con políticos y, sin embargo, prácticamente no encuentran tiempo para la Hermana Lucía?


  • ¿Por qué se insiste en repetir la mentira del fin del Comunismo en 1989?28


  • ¿Por qué se subestima la importancia del Secreto, por tanto tiempo guardado, al decir que «no se releva  ningún gran misterio» y es rebajado a la condición de un mero simbolismo?


  • ¿Por qué no se acepta la predicción del futuro de una profecía?


  • ¿Por qué se menoscaba el Corazón Inmaculado al equipararlo a “los limpios de corazón”?


  • ¿Por qué se niega — al menos implícitamente — la inmutabilidad del futuro, y, por lo tanto, la Divina Providencia?


  • ¿Por qué se reduce la importancia de la visión de la Hermana Lucía al mencionar los “libros de piedad” como su probable fuente de inspiración?


  • ¿Por qué omiten los Prelados el significado de la frase «En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe etc.»?


  • ¿Por qué motivo se publicó en primer lugar la visión del Tercer Secreto, ocultando las palabras de Nuestra Se ora y reduciendo la visión a una insignificancia?

       Las evidencias señalan una única respuesta a todas estas interrogaciones: Siempre que afrontamos alguna forma de pecado, como una mentira, debemos preguntarnos: Cui bono? — ¿a quién le favorece?

       Las manipulaciones e incoherencias del Vaticano sobre el Tercer Secreto y sobre la propia Fátima no pueden ser solamente un juego estúpido practicado por algunos prelados aburridos. Tiene que  haber un motivo muy fuerte para inventar unas mentiras fácilmente desmontables. ¿Por qué entonces se arriesgan a ser desenmascarados, sino por un motivo importante?

       Una vez que es evidente que no se desfigura el Tercer Secreto con el propósito de anunciar ciertas visiones convenientes o políticamente correctas con relación al futuro, sino, al contrario, se le hace retroceder al pasado y se le priva de toda importancia efectiva, el único propósito de su publicación sólo puede ser una estratagema para desviar la atención de las verdaderas palabras de Nuestra Señora: Así, una visión y una profecía se transforman en fraude o — como prefieren llamarle los servicios secretos —  una manipulación de la percepción.

       No se puede interpretar esa respuesta como mera especulación. Todas las evidencias que hemos discutido hasta ahora, incluso la propia visión del Tercer Secreto y otras apariciones aprobadas, mencionadas por el Cardenal Ratzinger en 1984, llevan a la conclusión de que el verdadero Tercer Secreto sólo lo pueden constituir las palabras no divulgadas de Nuestra Señora y probablemente el texto auténtico de la visión que se supone haber sido publicada. Concluimos este capítulo con algunas otras preguntas suscitadas por las evidencias

       ¿Por qué la prensa internacional publicó la “visión” — casi siempre sin ningún comentario ni objeción? Normalmente, es muy eficiente en ridiculizar, dudar, negar y difamar los temas sagrados. Basta recordar la reacción internacional al anuncio del Vaticano sobre la beatificación del Papa Pío IX. Tenemos que reconocer que éste no es un argumento puramente teológico. Sin embargo, Santo Tomás de Aquino, para quien el sentido común es — según la observación de G. K. Chesterton — «el sentido de lo probable»,  aceptó que se tuviese en cuenta la probabilidad.

       ¿Por qué habríamos de tener tanta certeza sobre la autenticidad del texto publicado o de las declaraciones “personales de la Hermana Lucía”, como si se tratase de interpretaciones correctas? En el “comentario” que presentaron en conjunto dos de los más insignes Prelados del Vaticano no titubearon en afirmar que el Tercer Secreto no contiene “ningún gran misterio”. Lo que hacen es ofrecernos una colección de afirmaciones absurdas y contradictorias entre sí que van desde la ofensa a nuestra inteligencia hasta casi la herejía — es lo menos que se puede decir — y la blasfemia.

       En vista de eso, ¿podemos tener certeza de que las palabras de “la Hermana Lucía” no son producto de un software capaz de reproducir la caligrafía de alguien, mediante el pago de menos de 100 dólares? Y en ese caso, ¿quién sería autorizado a preguntarle a la Hermana Lucía acerca de la publicación? Ciertamente, ninguno de nosotros.

       No se trata simplemente de una paranoia, sino de una duda muy procedente acerca de la credibilidad habitual de personas que nos han contado mentiras demostrables. Y nadie puede ser tachado de paranoico sólo por el hecho de manifestar dudas acerca de inconsistencias y de contradicciones.

       No puede haber muchas razones para encubrir un mensaje de Nuestra Señora, salvo si se admitiese que el Mensaje era tan aterrador que provocaría el pánico, como en el caso de la profecía de una catástrofe en un área definida, o una inundación o un ataque nuclear; o que el Mensaje fuese muy difícil de descifrar, como en el caso de ciertos pasajes del Apocalipsis; o que el Mensaje fuese totalmente explícito e inteligible, pero extremamente embarazoso para quienes que tienen el poder sobre su publicación.

       Parece evidente que las dos primeras hipótesis no combinan con las Apariciones de Fátima ni de la mayor parte de las apariciones marianas, lo cual nos lleva a aceptar, como nuestra conclusión, la tercera hipótesis: El Vaticano tiene algo que esconder y cuya divulgación sería extremamente embarazosa. Recordamos aquí la declaración del Padre Joaquín Alonso, que durante 16 años fue el archivero oficial de Fátima:

       Sería, pues, del todo probable que en ese período «intermedio» a que nos estamos refiriendo el texto haga referencias concretas a la crisis de fe de la Iglesia y a la negligencia de los mismos Pastores ... se trata de luchas intestinas en el seno de la misma Iglesia y de graves negligencias pastorales de altos Jerarcas. 29

       Esto es enteramente coherente con la aparición y el mensaje de Nuestra Señora en La Salette (1846), con la aparición de Nuestra Señora del Buen Suceso en Quito (1634) y con varias otras. Y es posible que lleguemos a conocer el texto auténtico del Tercer Secreto. He aquí lo que relató hace algunos años un Sacerdote francés, aparentemente digno de crédito, que recibió un mensaje sobrenatural mientras escuchaba una grabación en una especie de oratorio. Afirma haber oído lo siguiente:

       Se proyectará y se preparará un pernicioso concilio que mudará la faz de la Iglesia. Muchos perderán la Fe y la confusión reinará por toda parte. Las ovejas buscarán en vano a sus pastores. Un cisma rasgará la túnica de Mi Hijo. — Éste será el fin de los tiempos, anunciado en las Sagradas Escrituras y que Yo os lo he vuelto a recordar en muchos lugares. La abominación de las abominaciones llegará a su auge y provocará el castigo anunciado en La Salette. El brazo de Mi Hijo, que ya no conseguiré detener, castigará a este pobre Mundo, que tiene que expiar sus crímenes. — Lo único de que se hablará será de guerras y revoluciones. Se desencadenarán los elementos de la Naturaleza, causando enormes sufrimientos a todos, incluso a los mejores (los más valientes). La Iglesia se desangrará por todas Sus heridas. Bienaventurados los que perseveraren y buscaren refugio en Mi Corazón, porque, por fin Mi Corazón Inmaculado triunfará.

       Por supuesto, no hay absolutamente ninguna prueba de la autenticidad de este texto. No debemos afirmar que se trata del auténtico Tercer Secreto. Sin embargo, tiene muchísimo más sentido que todo lo que se lee en la “interpretación” del Vaticano sobre la parte del Tercer Secreto relativa a la visión.

       Las herejías y apostasías que ocurrieron después del Vaticano II son de una trascendencia tan trágica y tan amplia que el sentido común nos recomienda creer que es ése el Tercer Secreto, o una parte de él. ¿Sería posible que Nuestra Señora tuviera conocimiento del fin de la Primera Guerra Mundial, del comienzo de la Segunda Guerra Mundial en el pontificado de Pío IX, de la propagación de los errores de Rusia, de la utilización de Rusia como instrumento del castigo, del fusilamiento de un futuro Papa por la soldadesca, y que no supiera nada sobre la catastrófica evolución de la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II — un acontecimiento que, bajo el punto de vista espiritual, reduce todas las guerras a la insignificancia? Como ya hemos mencionado, fue el propio Papa Pablo VI quien afirmó:

       ¡La Iglesia está pasando por una hora de inquietud, de autocrítica y, hasta me atrevería a decir, de autodestrucción! Es como si fuera una revolución interna, muy profunda y muy complicada, para la que nadie estaba preparado después del Concilio. (7 de diciembre de 1968)

       Hizo también alusión al “humo de Satanás” que había penetrado en la Iglesia. Ese mismo Papa Paulo VI, que se hallaba en el centro de la crisis, percibió hasta cierto punto la catástrofe. ¿Será posible que Nuestra Señora de Fátima no tuviese nada que decir sobre esto, cuando otras apariciones aprobadas — como hasta el Cardenal Ratzinger lo reconoce — hablan de los peligros que amenazaban a la Fe? ¡Naturalmente, eso es imposible!

       Así, pues, aun no habiendo pruebas — lo reiteramos — de la autenticidad del mencionado mensaje que el Sacerdote francés asegura haber recibido, no hay alternativa lógica para el Tercer Secreto como no sea algo de lo que se describe en dicho mensaje. Esto sólo puede significar que hay un texto que forma parte del Tercer Secreto y que el Vaticano todavía no ha revelado: un texto en continuación a las palabras acerca de la conservación del dogma de la Fe en Portugal. Discutiremos esto en el próximo capítulo.

Notas

  1. Entre 1986 y 1991 varios sampietrini, los guardias de la Basílica de San Pedro en Roma, le dijeron directamente al Padre Gregor Hesse (que ya llevaba 10 años trabajando en el Vaticano) que, después de cada Misa pontifical en la Plaza de San Pedro, se encontraban por el suelo varias Hostias consagradas.


  2. The Fatima Crusader, Nº 64, p. 3.


  3. The Fatima Crusader, Nº 64, p. 115.


  4. Ibid., pp. 54ff.


  5. Ibid., p. 55.


  6. Ibid., p. 18.


  7. Daniel Le Roux, Petrus liebst du mich? (Stuttgart, 1990). [Peter, Lovest Thou Me?], p. 110. — Los escépticos podrán observar que sólo me refiero a imágenes que se pueden encontrar fácilmente en la traducción inglesa publicada por la Instauratio Press, Yarra Junction, Australia, 1988.


  8. Ibid., p. 112.


  9. Ibid., p. 127.


  10. Ibid., p. 155.


  11. Ibid., p. 172.


  12. Ibid., p. 177.


  13. Ibid., p. 236.


  14. Ibid., p. 144.


  15. The Fatima Crusader, Nº 64, p. 31.


  16. Cardenal Joseph Ratzinger, “Comentario Teológico”, El Mensaje de Fátima (EMF), 26 de junio de 2000, p. 32. 


  17. The Fatima Crusader, Nº 64, p. 34f.


  18. Ibid., pp. 115ff.


  19. Cf. Mons. Emile Bougaud, The Life of Saint Margaret Mary Alacoque (1ª edición, Benzinger, 1890; reeditado por TAN Books and Publishers, 1990), Capítulo XIV, “The Last Grand Revelation — The King of France, 1689”.


  20. En el siglo XIII, la alemana Santa Gertrudis, fue “Mensajera del Sagrado Corazón”. Cf. St. Gertrude the Great, editado por el Convento Benedictino de Clyde, Missouri, y reeditado por TAN Books and Publishers en 1979, pp. 26ff. Por eso no conseguimos entender por qué “el mundo cultural alemán” consideraba sorprendente la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús o al Corazón Inmaculado de María.


  21. Cardenal Joseph Ratzinger, “Comentario Teológico”, El Mensaje de Fátima, Edición en español, 26 de junio de 2000, p. 40.


  22. Sto. Tomás de Aquino, Summa Teologiæ, 1.q.22, a.2.


  23. Cardenal Joseph Ratzinger, “Comentario Teológico”, El Mensaje de Fátima,  p. 42. 


  24. Ibid.


  25. The Fatima Crusader, Nº 64, p. 51.


  26. Cardenal Joseph Ratzinger, “Comentario Teológico”, El Mensaje de Fátima, p. 44.


  27. Arzobispo Goodier, S.J., The Public Life of Our Lord Jesús Christ, Vol. I (Burns Oates & Washbourne Ltd., Londres, Inglaterra, 1932), p. 462. 


  28. En su “Comunicado” de 13 de mayo de 2000 en Fátima, el Cardenal Sodano dijo lo siguiente: «Los sucesivos acontecimientos del año 1989 han llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos Países del Este, a la caída del régimen comunista, que propugnaba el ateísmo.» (En El Mensaje de Fátima, edición en español, 26 de junio de 2000, p. 31) 


  29. Padre Joaquín Alonso, La Verdad sobre el Secreto de Fátima, (Centro Mariano, Madrid, España, 1976), p. 73. Cf. The Whole Truth About Fatima – Vol. III, p. 704. Ver también The Fatima Crusader, Nº 64, p. 121.




Volver o Continuar


Como pedir “La última batalla del diablo”

Order On-Line Now Get The Printable Order Form
Compra on-line

Llamada gratuita

Compra por correo

Use su tarjeta de crédito para comprar La última batalla del diablo para entrega rápida.

Al: 1-800-954-8737  y le recibiremos gustosos los datos de su tarjeta de crédito

Haga click aqui para ir impreso para enviar su cheque, o giro postalo bancario.