Pag. PrincipalLa última batalla del diablo - Prefacio y Introducció

Capítulo 10

Revelando los nombres

       Ahora conviene hacer un resumen de lo que han mostrado las pruebas y de quién está implicado en el crimen de que tratamos.

       Las pruebas han mostrado lo siguiente:

  • El Mensaje de Fátima es una profecía proclamada por intervención divina para nuestro tiempo, corroborada por un milagro público sin precedentes y confirmada por una serie de Papas, incluso por el actual Pontífice.

  • La mayor parte de las advertencias proféticas del Mensaje ya se han cumplido, excepto, principalmente, la de la aniquilación de las naciones, que fatalmente ocurriría si no se realizase a su debido tiempo la Consagración de Rusia.

  • Dios ya ha demostrado las ventajas de una consagración nacional al Corazón Inmaculado, en el caso de Portugal en 1931, cuya milagrosa y rápida transformación de una república atea y masónica en un país católico fue considerada por la Jerarquía portuguesa como una muestra de lo que Dios concedería al Mundo después de la Consagración de Rusia.

  • Los responsables de la Iglesia Católica, en vez de seguir el camino trazado en Fátima, optaron por otro: la nueva orientación de la Iglesia que tuvo inicio en el Concilio Vaticano II, incluso con la “abertura al Mundo” y las “reformas” de la Iglesia que hicieron realidad los sueños de Sus peores enemigos, quienes afirmaban que su propósito era exactamente el de promover aquellos cambios en la Iglesia.

  • Al escoger el camino de una nueva orientación, los responsables de la Iglesia despreciaron los repetidos avisos de los Papas preconciliares (incluso el Beato Pío IX, León XIII, San Pío X, Pío XI y Pío XII), de que los enemigos de la Iglesia conspiraban para reestructurarla exactamente de la manera como fue reestructurada en el período posconciliar.

  • Los cambios tuvieron inicio en 1960, el mismo año en que, como insistía la Hermana Lucía, debería revelarse el Tercer Secreto, porque en esa época se haría más claro.

  • El resultado de esos cambios fue una catastrófica pérdida de fe y de disciplina dentro de la Iglesia, lo cual parece haber sido profetizado en aquella parte del Gran Secreto de Fátima que comienza con estas palabras: «En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe» — frase que, misteriosamente, se mantiene incompleta, a pesar de la afirmación del Vaticano de que el Tercer Secreto había sido revelado integralmente.

  • En vez de admitir estos enormes y patentes errores y sus ruinosas consecuencias para la Iglesia, la actual Jerarquía del Vaticano ha mantenido una pertinaz dedicación a la nueva orientación, claramente incompatible con los imperativos categóricos católicos del Mensaje de Fátima, a saber: establecer en todo el Mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María, realizar la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado, conseguir la conversión de ese país a la Fe católica, y lograr el Triunfo del Corazón Inmaculado, lo cual tendría como resultado un período de paz mundial, dentro de un orden social católico.

  • Al contrario, la Jerarquía del Vaticano ha rehusado voluntaria y terminantemente la consagración de Rusia, por su nombre, al Corazón Inmaculado de María, y en lugar de eso, viene promoviendo una campaña sistemática para neutralizar el Mensaje de Fátima, con el propósito de subordinarlo a la nueva orientación de la Iglesia – Su adaptación a los ideales masónicos y comunistas –, al mismo tiempo que persigue a los fieles católicos que no aceptan la Línea del Partido.

  • El aparato estatal del Vaticano, bajo orientación del Secretario de Estado, menosprecia deliberadamente las profecías, las exigencias y las advertencias del Mensaje de Fátima, prefiriendo las nuevas políticas eclesiales “ilustradas”, dentro de las cuales se incluye la determinación de evitar cualquier ofensa a Rusia por causa de una consagración pública de aquella nación.

  • Como consecuencia de estos monumentales errores de evaluación, Rusia no se ha convertido, la Iglesia está sufriendo una crisis de Fe y de disciplina sin precedentes y el Mundo continúa hundiéndose en un vórtice de violencia y de rebelión contra Dios y Su Santa Iglesia, a lo cual el aparato estatal del Vaticano se limita a responder con un redoblado esfuerzo para seguir la nueva orientación, completamente estéril, de la Iglesia.

       Considerando especialmente los acontecimientos de 26 y 27 de junio de 2000 y de los meses posteriores, tenemos ahora pruebas suficientes para identificar a los cuatro hombres que, en conciencia, debemos acusar en este libro. Son ellos:

El Cardenal Angelo Sodano
    El Cardenal Joseph Ratzinger
     El Arzobispo Tarcisio Bertone
               El Cardenal Darío Castrillón Hoyos

       ¿Por qué estos cuatro hombres y no otros? Como ya hemos demostrado, son éstos quienes se hallan a la vanguardia de la tentativa de, ni más ni menos, dar muerte al Mensaje de Fátima y con eso liquidar la esperanza transmitida por el Cielo al Mundo actual. Ellos han deliberado y conspirado, y posteriormente han actuado en público, con el propósito de imponerle a la Iglesia una versión del Mensaje de Fátima que no guarda ninguna semejanza con la profecía católica transmitida al Mundo por la Madre de Dios, en provecho de toda la Humanidad. Aunque estos cuatro hombres cuentan con muchos colaboradores para llevar a cabo aquello que el Papa Pablo VI lamentó de la «autodestrucción» de la Iglesia, han sido ellos quienes, por decirlo así, se especializaron en la demolición de Fátima. Por consiguiente, merecen ser identificados como los principales responsables del crimen que denunciamos aquí.

       No obstante, existen muchas más pruebas de este crimen, y este asunto está lejos de haberse agotado. Veremos ahora con más detalle los elementos básicos que comprueban lo que hasta aquí hemos esbozado. En el capítulo siguiente, comenzaremos con un examen más pormenorizado de la “interpretación” dada por el Cardenal Ratzinger al Secreto de Fátima, “interpretación” que constituye el elemento clave para enterrar definitivamente el Mensaje de Fátima.





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